En su nota “El agua embotellada y las anti-botellas“, Jorge Diego Etienne rescata una idea interesante para mirar el diseño en ese rudo proceso del consumo mundial de agua potable y la producción insospechable de productos de envasado. El mayor foco de las empresas en todo el mundo está en la producción de botellas, y como bien Etienne lo indica el mercado está inundado de propuestas formales para ese propósito.

También, hay una carrera muy importante en el reciclado de estas botellas: el problema derivado. Se resuelven algunas cosas con el bajo costo de producción y transporte para determinado asunto, como las botellas plásticas, e inmediatamente surge otro problema.

Pensando en el consumo de agua y en las anti-botellas, aparece este objeto diseñado por el famoso Karim Rashid. Se trata de Bobble, un dispositivo que se utiliza en la boca de la mayoría de las botellas y que purifica el agua mientras se bebe. Los fabricantes de este producto presentan una tecnología que ingeniosamente remueve el cloro y otros contaminantes que puedes encontrar en el agua del chorro, en un objeto sencillo y formalmente honesto. La pieza tiene una capacidad de reemplazo de 150 litros (40 galones). Aquí se ha invertido la estrategia de diseño. La diferencia está básicamente en transformar el agua en un producto potable y movilizar todo el esfuerzo y tecnología de esa transformación en las acciones individuales de tomar agua.

Productos conocidos: tecnologías opuestas

Esta idea de la transformación del agua impura en potable, en el momento del consumo, no es nada nueva. Los productos que conocemos y que realizan esta operación no tenen la potencia de un objeto portable. Particularmente nos referimos a dos productos que, usando tecnologías completamente diferentes, son usados para el consumo de agua potable en forma cotidiana: el “filtro” y el aparato de “ozono”.

El primero supone que cuando el agua atraviesa por un material poroso y con características particulares, la libera de las impurezas. En el segundo, el agua es expuesta a un arco eléctrico que que tendría los mismos efectos de un filtro. Estas dos tecnología han provocado la creación de grandes industrias dedicadas al desarrollo de productos para el agua. Podemos encontrar en el mercado fantásticos diseños para cada uno de los casos.

Hay estudios que confirman que el uso de los llamados “filtros de agua” son suficientes para convertir el agua en un producto apto para el consumo humano: agua potable. Si esto es cierto, los dispositivos de “ozono” están en un graves problemas. Con la desventaja que utilizan energía eléctrica para realizar su operación. ¿Si existen tantos argumentos para dejar de usar la tecnología del ozono en la transformación del agua, por qué todavía se siguen produciendo en tal cantidad?. La respuesta a este asunto es de caracter platetario, pero que afecta intereses muy locales y particulares. Es la encrucijada de la producción y el consumo. Transita por la responsabilidad del uso de las tecnologías.

El problema de diseño está localizado especialmente en proporcionar a la tecnología del filtro, la velocidad de purificación que ofrece el dispositivo de ozono. Esto equivale a revisitar el tradicional “tinajero” y aumentar la velocidad de su función. De resto ya no es un problema de diseño, sino un campo del mercadeo.

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Información

Karim Rashid
www.karimrashid.com