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En una tarde soleada y en un pequeño campo de la ciudad de Tarento al sur de Italia, un extraño mecanismo con alas se desplazaba por casi 200 mts. sobre un cable, movido por precario sistema de aire comprimido. Esta suerte de pájaro de madera, considerado por algunos como el primer robot de la historia, fue la invención del matemático y filósofo griego Arquitas de Tarento, de quien se cree también fue el diseño de la polea y el tornillo. De manera que las primeras ideas sobre las máquinas automáticas surgieron de la emulando la forma de los animales. La presencia de lo conocido llegó a la pantalla con María en 1927, el robot con forma de mujer que el director Fritz Lang mostró Metrópolis, esa joya del expresionismo alemán.

Así pues, entre animales, monstruos y humanoides, los robots han querido integrarse en la vida de la gente, especialmente en la copiosa producción de relatos de ficción del siglo XX. Son muchos los debates que surgen en relación a la presencia y el rol de los robots entre nosotros. La tecnología va esculpiendo las posibilidades de acción, como en los fantásticos animales mecánicos desarrollados por la empresa alemana Festo o las populares de máquinas de reconocimiento de voz que ya son comunes dentro del paisaje del hogar, mientras intentamos entender como serán esos seres perversamente útiles que nos acompañarán en la vida diaria. Sobre esto último discute la estadounidense Sianne Ngai, teórica de cultura y estética, en su más reciente libro Our Aesthetic Categories: Zany, Cute, Interesting, cuando se refiere lo Cute y a lo Sublime como categorías estéticas. La primera sobre lo simplemente lindo y la otra sobre un extraordinario nivel de belleza.

Aquí está un útil robot diseñado para navegar de forma autónoma en las estaciones de ferrocarril y acercarse a las personas que quieren botar su basura. Baryl, un robot para recolección de basura en lugares públicos tiene un cuerpo inspirado en el león marino. Equipado con sensores de movimiento, se mantiene fuera del camino de la gente y ayuda a mantener limpio el espacio público. Baryl se mueve en la estación a la velocidad de una persona caminando, 2-3 km/h.

Un proyecto promovido por la estatal francesa de ferrocarriles SNCF (Société Nationale des Chemins de Fer Français) y desarrollado en colaboración Immersive Robótica y AREP Design Lab en París. Con el uso de inteligencia artificial de la inteligencia artificial y sistemas heurísticos (auto-aprendizaje), Baryl es capaz de predecir cuando una persona está a punto de lanzar algo al suelo. Un sensor vigila la velocidad de llenado de la cesta e informa al personal de mantenimiento para su vaciado. Baryl no habla pero emite sonidos y luces como muchos robots en las películas de ciencia ficción. Se mueve de forma autónoma sobre ruedas en un perímetro definido y es capaz de identificar cuando alguien levanta la mano para llamarlo. El robot está equipado con dos sonares ultrasónicos, dos rayos láser y un sensor para encontrar obstáculos.

Se quiere involucrar a los pasajeros en la limpieza de las estaciones, buscando una conexión divertida, innovadora e intuitiva. La SNCF espera resolver en parte la recolección de dos toneladas de residuos al día, que se producen en las principales estaciones de ferrocarril. Durante la primera semana del pasado mes de diciembre, el prototipo de este simpático robot estuvo funcionando, en una fase prueba y en condiciones reales en la estación Gare de Lyon, en París.

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Información

Immersive Robotics
www.immersive-robotics.com

AREP Design Lab
www.arep.fr