Dispositivo de exhibición central de la exposición “Detrás de las Cosas: El diseño industrial en Venezuela”. Centro de Arte la Estancia, 1995. Caracas. Venezuela (foto: ignacio Urbina)

Hace algún tiempo, conversando con Alberto Sato, arquitecto y decano de la Facultad de Arquitectura, Arte y Diseño de la Universidad Andrés Bello en Santiago de Chile, en los largos días que tomó la investigación de la exposición: “Detrás de las Cosas: El Diseño Industrial en Venezuela” y tratando de encontrar los criterios de selección de aquella muestra, la temática central era dar con la clave de la intervención del diseño en la industria nacional. La mayor sorpresa fue recopilar más de un centenar de objetos y productos, a los que podía ser aplicados los criterios más importantes que encontramos: que hubiese una industria o un diseñador detrás de cada uno de ellos y que la propuesta tenga un mínimo aporte en su impronta.

Recuerdo claramente una expresión de Sato sobre los vasos de mermelada hechos en el país. Alberto se refería a los envases comunes para la venta de mermelada o mayonesa que se hacen en Venezuela. Y reíamos sobre esa costumbre, muy venezolana, de reciclar estos vasos para “beber Ron” o simplemente para ser usados como los vasos de agua de la casa. En esa pequeña operación de “Sustentabilidad automática” o “EcoDiseño invertido” se reflejan dos cosas: por un lado, en nuestros países la cultura del reciclaje es un acto reflejo condicionado por la escasez; y por otro, la industria venezolana de envases de alimentos de consumo masivo no ha sido capaz de producir un recipiente que utilice un sistema de cerramiento que permita a los consumidores reutilizarlo como vaso de agua.

Las formas que generan estos envases en la construcción de la rosca (en el caso de tapas roscadas) o de un borde grueso (tapas a presión) son un atentado flagrante de la incompetencia de la industria en ver esta necesidad como una oportunidad de negocio o como un espacio para la innovación. Además, es una condición fundamental que las personas puedan llevar a la boca una forma digna, así como comer sentados, con cubiertos o dormir separados del piso. Por esta razón, el diseño de esos objetos cotidianos (vasos, sillas, mesas, estanterías, etc) no es una actividad para las élites, se trata de un dominio natural de la disciplina en su nivel más básico.

Envases de vidrio, en las neveras de cualquier venezolano

Tenemos muchos años escuchando y leyendo que el diseño industrial en Venezuela tiene problemas para arrancar, principalmente debido a que el parque industrial está deprimido, o no ha sabido entender las bondades de una disciplina que podría producirle aportes importantes. Esto solamente puede ser el reflejo de una nostalgia de país medio desarrollado, capaz de producir por cuenta propia bienes de consumo y de capital, como lo hacen nuestros vecinos Brasil, Argentina y Mexico, y en menor medida Chile y Colombia.

Creemos que las condiciones políticas y económicas que presentan nuestros países, difíciles de ser modificadas desde el diseño, constituyen las oportunidades para el desarrollo de la disciplina. Un ejemplo claro es que durante un siglo completo el país ha dependido fundamentalmente del petróleo y no se ha producido ningún aporte, desde el diseño industrial, para esa descomunal industria. Ni en el desarrollo de estaciones y herramientas de trabajo, ni tampoco en el desarrollo de objetos plásticos con alta capacidad de reutilización y reciclaje. Pero lamentablemente las fuerzas productivas en el mundo están cambiando y es posible que Venezuela se quede con su reservas probadas de petróleo frías, sin salida.

Proyectos de Interfases y cpntroladores digitales (1999-2003). Taller de Diseño Tridimensional IV. Prodiseño

Diseño para la ciudad. Kiosco para comida rápida, Municipio Baruta, Caracas 2007. diseño: ignacio urbina

El futuro del diseño industrial en Venezuela estará en la capacidad de proyectar objetos y productos, sin la carga de promover la industria nacional, pero si con el foco sobre las oportunidades reales de su inserción en el país y en la región. La promoción y la divulgación de la disciplina tiene que venir comprometida con el proyecto, con el diseño. Con esto se legitima la actividad proyectual como salida. Y definitivamente los diseñadores y las escuelas tendrán que ingresar en los nuevos espacios de trabajo: las interfaces, la artesanía, el eco-diseño, la ciudad y el diseño social.