Las ciudades son definitivamente los espacios de oportunidad para el diseño. Por supuesto que en el mejor sentido de resolución de problemas, pero también en el reconocimiento y comprensión de las actividades, conductas y comportamiento de las personas.

No hace falta buscar muy lejos para encontrar situaciones en la ciudad donde personas con discapacidad se enfrentan diariamente con soluciones que fueron pensadas e implementadas para sus necesidades. En esta imagen queda muy claro que hay áreas donde el diseño tiene mucho que aportar. Las esquinas son puntos críticos en la ciudad donde se crean estas situaciones. Chorros de semiosis surgen de la foto, pero nos llama la atención la conexión del ícono, que utiliza la señal de paso de peatones, con la figura sin pierna del sujeto que atraviesa el rayado. Una imagen que no da cuenta de la interrupción. ¿Se trata de un un recurso visual excluyente o inclusivo?

Hace algún tiempo, en las notas Discapacidad+Ciudad: construcción permanente y percepción de lo efímero y a propósito del Día Internacional de las Personas con Discapacidad, hacíamos algunos comentarios sobre este tema sensible y muchas veces descuidado por el diseño. Reconocemos un importante esfuerzo en el establecimiento de nuevos conceptos que han servido para guiar los trabajos y la investigación sobre estos temas. La casi unánime adopción de términos con mayor espíritu de inclusión como el Diseño Universal ha permitido que los esfuerzos del diseño puedan descansar sobre nuevas premisas, pero también con nuevos retos para las disciplinas de diseño.

Cada vez más las ciudades incorporan el producto de estos nuevos conceptos, al menos como norma, con la instalación de rampas en las esquinas, señalización diferenciada en servicios públicos o señales acústicas en los cruces de peatones. De aquí se desprende que hay un buena parte del trabajo que se refiere a la instalación de dispositivos urbanos con criterio de diseño universal y que depende fundamentalmente de la participación del Estado y de las empresas.

En muchos lugares públicos aparecen, acompañando la tipografía en los sistemas de señalización, esa imagen casi universal y codificada usualmente asociada con personas ciegas: Código Braille. La intensión de colocar mensajes con los mismo propósitos para usuarios totalmente diferentes apunta hacia la necesidad de adoptar criterios de inclusión. Lo que nos parece totalmente sospechoso es que ambos códigos tienen diferentes formas de lectura, conectados con los sentidos: la tipografía es para ser leída y para quien no puede leer, se utiliza un código de lectura táctil. ¿Extraño no? Ambos sentidos (la visión y el tacto)  requieren de unas ‘distancias mínimas’ para que sean efectivos, pero en estas soluciones de diseño ambos códigos ocupan el mismo espacio físico.

Recientemente, haciendo una investigación de campo sobre población con problemas de visión, algunos de los datos que se levantaron arrojan dos importantes puntos: que el rango de personas con ‘baja visión’ (visually impaired) es muy amplio y que cada vez menos el Código Braille es utilizado por estas personas como medio de lectura y comunicación, por la dificultad en su aprendizaje.

En las notas Diseño para invidentes: mirando conceptos de producto, que hicimos en este espacio, el uso del Braille es la premisa más importante de los proyectos y trabajos de investigación para el desarrollo de productos para personas con discapacidad visual. Pero definitivamente es un reto para los diseñadores buscar nuevas soluciones que exploren otros sentidos, que puedan recrear nuevas experiencias para aumentar la calidad de vida de esta población.

Ícono totalmente inútil en un producto que utiliza un sensor para accionar el mecanismo de descarga de agua

Los ejemplos de la ciudad que hemos presentados aquí son muy fáciles de reconocer, son las soluciones que aparecen en la superficie del problema y los de mayor difusión. Nos interesa conocer que ocurre con espacios donde lo público y lo privado se mezclan para dar cara a una comunicación más íntima y más cotidiana. ¿Cuáles serán las herramientas de proyecto para el diseño de dispositivos que entiendan que el espacio sensorial no está limitado por la experiencia individual de los sentidos? ¿Será posible colocar también una señal en Código Braille sobre una poceta?