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Dispensador de textos [en Kombini. imagen: AFP]

Los medios y las tecnologías de comunicación han dejado la lectura en un nivel casi operativo. Es muy difícil robustecer el hábito de la lectura, para el encuentro de contenidos e historias, cuando la palabra escrita queda minimizada a instrucciones, solapas, titulares o párrafos de 144 letras. En la pequeña ciudad de Grenoble, en los Alpes franceses, aparece una singular iniciativa que acerca la gente a la lectura.

Estos ‘dispensadores de relatos’ dispuestos en la ciudad aprovechan los momentos de espera en lugares públicos, para poner contenidos cortos en manos de las personas. Como en un dispensador de refrescos y comida, las historias salen de un cilindro de color negro y naranja por una ranura dispuesta en la parte superior. Tres botones en la parte superior indican tres duraciones diferentes: 1, 3 y 5 min.

No hay límite en el número de historias que se pueden leer. Se trata de un servicio totalmente gratuito. El formato de tres minutos tiene 8 cm.  de ancho, como el de una factura de automercado, y 60 cm. de largo. Para relatos más extensos, el largo del formato aumenta.

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Se trata de una iniciativa puesta en marcha hace tres semanas entre los fundadores del grupo Shorté Edition, un emprendimiento de literatura para celulares, y el alcalde de Grenoble, del partido ecologista Eric Piolle. En 2014, el gobierno local se sumó a una acción única en Europa de eliminar la publicidad en la ciudad y bajar los niveles de contaminación visual. Por el momento el proyecto contempla 8 máquinas por toda la ciudad, en lugares públicos como el ayuntamiento, oficinas de turismo, bibliotecas y centros sociales.

“El proyecto tomó en realidad dos años. Fue duro y más largo de lo que esperábamos y hemos aprendido mucho en el proceso”, nos comentó Quentin Pleplé, uno de los co-fundadores de Shorte Édition, “hemos trabajado con 9 empresas diferentes asociadas para construir cada parte del dispensador y con los que fuimos orquestando todo”.

No son nuevas las ideas para el impulso de los hábitos de la lectura en la gente, algunas experiencias que desbordan el libro como artefacto. Aunque no precisamente sobre la lectura, pero son muy conocidas las frases portátiles con apariencia de proverbios chinos que aparecen en las ‘galletas de la suerte’ (fortune cookies), supuestamente inventadas por un inmigrante japonés en la ciudad de San Francisco a principios de siglo XX.

También, el movimiento comunitario Little Free Libraries en los Estados Unidos ofrece libros gratis colocados en pequeños contenedores para los miembros de la comunidad local. En 2013, los arquitectos venezolanos Marcelo Ertorteguy y Sara Valente de la oficina de diseño Stereotank fueron seleccionados para diseñar una de estas Bibliotecas Libres en una pequeña escuela de Nolita (NoLIta – North of Little Italy), en Nueva York.

Es cierto que todos estos esfuerzos y ejercicios urbanos ocurren en lugares donde las condiciones ciudadanas permiten salir de la supervivencia diaria, pero en la ciudad de Quito, el proyecto Dora la Dispensadora también promueve la lectura con una máquina muy parecida a una dispensador de refrescos o snacks. En esta iniciativa latinoamericana se ofrecen obras de la literatura en libros de bolsillo.

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Información

Short Édition
www.short-edition.com