En el diseño de productos, la exploración sensorial ha estado fundamentalmente centrada en lo táctil y en lo visual. El diseño en el espacio acústico, tímidamente revisado, es clave no solamente en el proyecto de instrumentos musicales, donde el luthier y los fabricantes de instrumentos dominan el terreno, sino en el diseño de interfaces y sonidos que producen los objetos.

Con mucho menor desarrollo, el diseño en productos que exploren los sentidos del gusto y el olfato. En los últimos años, con la gran discusión global sobre la producción y distribución de alimentos, el resurgimiento de la gastronomía, la explosión de los restaurantes y la aparición formal del Food Design, estos espacios con la percepción humana recobran pertinencia y crean nuevos retos para el diseño. En el Food Design aparece el diseño en proyectos que se han desarrollado tradicionalmente y que utilizamos en la mesa para comer (Tabletop), así como el diseño de herramientas para la preparación. Pero cada más el diseño se acerca a la comida como un material, para encontrar en el diseño con los alimentos un espacio que se comparte con el chef .

Recientemente reseñamos aquí el proyecto Madelaine, de la diseñadora británica Amy Radcliffe, una cámara para capturar olores donde se asocia el olor con un recuerdo. Con esta misma aproximación experimental y prospectiva surge este trabajo llamado DOSD – Dispositivo Directo de Estimulación Olfativa (Direct Olfactory Stimulation Device): una peculiar pieza de joyería, utilizada para comer que se adapta a la fisiología humana y permite tener la experiencia olfativa de especies o alimentos que no estarán disponibles o no existirán. El DOSD es un proyecto de la artista Miriam Simun, quien ha estado involucrada en trabajos relacionados con alimentos y biotecnología, en colaboración con Miriam Songster.

La pieza está inspirada en la fisiología de insectos (que utilizan sus antenas para oler y navegar su mundo) y en las prácticas tradicionales del uso de la tecnología en la extensión de los sentidos. Un dispositivo diseñado para la estimulación olfativa directa en el acto y experiencia de comer.

Una recreación del acto de comer donde se incluyen texturas para la masticación y esencias de comidas que probablemente no existan. Una suerte de experiencia multi-modal que incluye gusto, textura y olor para reproducir esa experiencia de comer.

Este pequeño y extraño aparato, para ser colocado en la cara, fue utilizado en 2013 para el proyecto GhostFood, una experiencia urbana presentada en un carro de comida de la calle (Food Trucks) donde los comensales podían probar alimentos, que en un futuro desaparecerán por las acciones del cambio climático.

El proyecto fue una encomienda de la Robert Rauschenberg Foundation dentro del programa Marfa Dialogues/NY, donde se examinan de forma continua asuntos relacionados con las ciencias del cambio climático, el activismo ambiental y la práctica del arte.

Los escenarios de futuro asoman nuevas posibilidades. ¿Se podrá crear la percepción del sabor aunque no se pueda contar con la comida?. En ejercicios prospectivos como este se pueden rescatar ideas que perfectamente pueden ser aplicadas hoy en día. La ficción ha sido siempre una herramienta para el diseño. El Speculative Design explora ideas para el futuro, o como sugiere la diseñadora británica Fiona Raby: “el diseño para mundos paralelos”.

De cualquier manera, se trata de una exploración con diseño donde aparecen objetos, experiencias y ambientes, que simplemente apuntan hacia un futuro un poco más lejano y con algunas premisas muy particulares. El diseño es una especie de plan y su dominio es el futuro, lo que nunca sabemos es que tan lejos estamos haciendo ese plan.

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Información

Miriam Simun 
www.miriamsimun.com

Miriam Songster
www.songster.net