Dos hechos importantes de nivel planetario crean una nueva conexión. El primero se refiere al cuerpo humano como medio de comunicación y el segundo a las prácticas cada vez más comunes de intervenciónprofanación del cuerpo.

Hace algunos años vimos en la prensa un artículo que contenía el anuncio de una patente absurda: Microsoft consiguió obtener los derechos de explotación sobre el empleo del cuerpo humano como conductor de energía eléctrica y datos. Especialmente en un artículo del diario británico The Guardian: Computerising the body: Microsoft wins patent to exploit network potential of skin.

La patente número 6754472, otorgada en 2004 a Microsoft en Estados Unidos por el United States Patent and Trade Mark Office cubre cualquier “método y aparatos para transmitir energía y datos utilizando el cuerpo humano”.

En la descripción del mismo podemos leer: “El cuerpo humano empleado como medio conductivo, en el cual la electricidad se propaga conectando una fuente de electricidad al mismo través de una serie de electrodos. Uno o más de estos electrodos podrían ser conectados, dispositivos electrónicos podrían ser conectados al cuerpo humano a través de una serie de electrodos adicionales, dispositivos como altavoces, pantallas, relojes, teclados… etc”. “Cualquier señal DC o AC puede ser utilizada como fuente de electricidad, empleándose múltiples fuentes de electricidad con señales de diferentes frecuencias, diferentes dispositivos pueden ser selectivamente alimentados”.

Una patente para la cual Microsoft no ha necesitado presentar prototipo funcional, y cuya redacción, como suele ser habitual, es bastante vaga ya que cubre el uso del cuerpo como el medio de transporte y de transmisión. Basta recordar que un prototipo del empleo del cuerpo humano como medio de transmisión, fue presentado en 1.996 por IBM, en forma de un dispositivo que permitía intercambiar tarjetas de visitas mediante un simple apretón de manos.

Por supuesto, el anuncio creó urticaria en todos los sectores de la sociedad. Desde las posturas más radicales donde se condena la pretensión diabólica de controlar a los seres humano, hasta las opiniones más equilibradas que indican los caminos posibles y viables de estos casos, como son el uso de sistemas de monitoreo de la salud o control de indicadores biológicos en el cuerpo.

La segunda parte de esta conexión se plantea de la práctica cada vez más común en hacer intervenciones físicas en el cuerpo. Esto no es nada nuevo. El hombre ha utilizado su cuerpo para comunicar mensajes, para componer dinámicas rituales o para modificar su condición natural. La práctica que aquí nos referimos es de la historia reciente, especialmente en las culturas urbanas, de utilizar el cuerpo igualmente para marcar, para atraer o para ornamentar.

Hace escasos veinte años, en sociedades más conservadoras o lejos de las principales urbes, la cultura del ‘piercing’ o de los múltiples aros en las orejas, eran vistos como extraños. Hoy en día cualquiera tiene insertado en su piel algún objeto. Se ha perdido el miedo en profanar el cuerpo. También porque esas prácticas se realizan en ambientes totalmente controlados y seguros.

Entonces, con esa noticia de las grandes corporaciones de tecnología y con las prácticas usuales en las personas de ‘tocar’ su cuerpo, es sencillo prever que los próximos gadgets tecnológicos tendrán en la mira el cuerpo como medio de comunicación. Incrustaciones en la piel dejarán de ser ornamentos para convertirse en dispositivos. Para los diseñadores, nuevos retos. ¿Cuáles serán los comportamientos gestuales que permitan crear nuevos tipos de interfaces de productos?

De la idea informática del dispositivo periférico como interfaz en el manejo, guía y control del espacio virtual, hacia una gestualidad aún no conocida. En esta conexión son infinitas las posibilidades. Las viejas ideas de la ficción y la satira de finales del siglo pasado o los aparatos del futuro que Hollywood patentó, como el zapatófono (teléfono zapato), quedarán como artículos realmente idiotas frente a la posibilidad de llevar en la piel un dispositivo de comunicación.