La verdad poco me había interesado el tema de la impresión 3D hasta hace algunos meses cuando leí un par de noticias. La primera era sobre el uso de esta tecnología para imprimir armas de fuego. La segunda que la NASA había comisionado una empresa para desarrollar una impresora 3D que sea capaz de crear alimentos adecuados para los astronautas y, aunque sea difícil de creer, pueda tener textura, sabor y olor además de ser nutritivo y sabroso. Posiblemente en este momento usted crea que el tema sea algo relacionado con la ciencia ficción pero al parecer la tecnología, que de paso lleva varias décadas utilizándose, pueda convertirse en toda una revolución para la ingeniería y el diseño.

El principio de este tipo de impresión es construir un objeto tridimensional mediante la adición de miles de capas sucesivas de material de acuerdo a un modelo o plano digital. Las aplicaciones han variado durante el tiempo pasando por la creación de juguetes, medicinas e incluso órganos y piel humana. Los pronósticos apuntan a la popularización de esta tecnología con el correr de los años, haciendo también que su costo se reduzca. Quizá en pocos años estemos imprimiendo piezas de repuesto para electrodomésticos o tal vez un par de zapatos. Pero entonces, ¿Será que esta tecnología podría aportar a un futuro más sostenible?

Imagínese un escenario en donde las compras de artículos sean hechas a través de internet, tome Amazon o quizá su almacén favorito que tenga comercio a través de página web. Después de seleccionar su artículo, procede a descargar el plano para poder “imprimirlo” y finalmente darle uso. Si usted está familiarizado con el concepto de Análisis de Ciclo de Vida (ACV), las etapas que hacen parte de esta metodología quedarían prácticamente simplificadas a la mitad. El proceso de manufactura pasaría de la fábrica al estudio de su casa evitando que exista el desperdicio de material e inclusive la posibilidad de generar trazabilidad de materiales para su etapa de disposición final, ya que usted sabría lo que está imprimiendo. Adicionalmente hay la posibilidad de eliminar la etapa de transporte, incluyendo también los empaques de los productos.

Si vemos la reducción del impacto ambiental en relación a los resultados el panorama es ideal. En todo caso hay que recordar que al hablar de sostenibilidad tomamos mucho más que la preservación ambiental, incluimos también la dimensión social y económica. Con esto en cuenta pensemos en los miles o quizá millones de desempleados que se verían afectados por la masificación de esta tecnología. Conductores, trabajadores de fábricas, vendedores, etc. la lista llegaría a ser demasiado larga y con las obvias consecuencias económicas para la sociedad.

Lo interesante de éste escenario es el valor adicional que cobra la información y el mismo diseño, ya que al final es lo que las personas escogerían para imprimir. Un futuro así, con mayor importancia para el diseñador ¿no suena interesante?

Por último considero que hay algo que nunca llegará a ser igualado y es el hecho de saber que ese producto que tienes en las manos es el resultado del trabajo de las personas, posiblemente de oficios artesanales que durante muchos años han evolucionado esas técnicas de producción, inclusive llegar a valorar el detalle del error humano, del imprevisto.

El debate queda abierto. Considero que la tecnología disponible debe ser apropiada para lograr futuros sostenibles pero teniendo en cuenta los posibles impactos que se puedan generar. Esta tecnología continuará en desarrollo y tal vez un día sepamos que los astronautas que llegaron a marte lo hicieron imprimiendo la cena que les enviaban sus familias desde el planeta tierra.

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Información

The Guardian 
Home-baked idea?

TED Talks
Lisa Harouni: Una introducción a la impresión en 3D.