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Cada vez estamos más convencidos de que los robots serán parte de nuestro paisaje cotidiano, ya lo son. Aunque a veces éstas máquinas, diseñadas para ejecutar una o más tareas en repetidas ocasiones, con velocidad y precisión, sean simples algoritmos sin rostro o cariñosos e inteligentes electrodomésticos. Desde la ficción, los robots han personificado diversos e increíbles ‘monstruos’, pero en muchos casos se presentan a la gente bajo una figura que cada día se torna más presente en nuestras vidas: las mascotas. Para el Dr. Jean-Loup Rault, de la Universidad de Melbourne, “más de la mitad de las personas en las sociedades occidentales comparten su vida cotidiana con  animales domésticos, lo que convierte esto en la norma y no en la excepción”.

Con una síntesis formal aparece este robot llamado Jibo, desarrollado sobre los conceptos de las robótica social. Un pequeño robot con ingredientes emocionales que pretende ser un asistente en el hogar y que puede identificar e interactuar con toda la familia. Se le puede pedir que recuerde algo o que tome una foto y te sigue visualmente mientras le hablas. El uso de sensores y otros componentes lo diferencian de algunos dispositivos llamados ‘inteligentes’, que solamente utilizan reconocimiento de voz para ejecutar acciones.

Cynthia Breazeal, pionera en robótica social y profesora en el MIT, es una de las fundadoras de la empresa que desarrolla el Jibo, una iniciativa que cuenta con un numeroso equipo de trabajo. En la campaña de búsqueda de financiamiento en la plataforma Indiegogo, que cerró el pasado mes de junio y que fue presentado como “el primer robot social del mundo para el hogar”, superaron los tres millones de dólares.

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El diseño de este pequeño aparato se hizo en colaboración con el estudio de diseño norteamericano Huge Design SF. Un producto ganador en la categoría de Consumer Products de los Core77 Design Awards 2015 y del International Design Excellence Awards (IDEA) 2015 que otorga la Industrial Designers Society of America (IDSA).

El Jibo mide 28 centímetros de alto, con una base de 15 centímetros de diámetro y pesa unos 2.7 kilogramos. Para la fabricación, la última iteración del Jibo utiliza aluminio, plástico ABS y vidrio para la pantalla. Su ‘rostro’ es en realidad una pantalla táctil de 5.7 pulgadas, con una resolución de 1920 x 1080, por la que logra expresarse con palabras y gestos, además de funcionar como un gran monitor que maneja contenidos multimedia. El software fue desarrollado con lenguaje Linux, lo que permite que pueda ser manipulado por desarrolladores.

El cuerpo de este aparato está constituido en tres partes con 3 ejes de giro, que se accionan por intermedio de dos servomotores y que permiten movimientos libres de 360°. Este mecanismo y algunos sensores le permite reconocer y seguir las caras de los miembros de la familia. Un gran ojo en la pantalla, casi vigilante, puede también reconocer la actividad que estamos realizando. Así, Jibo puede observar a una persona y tomar la iniciativa de ayudarla. Por ejemplo, si se trata de alguien cocinando, puede sugerir tiempos de cocción o algunos tips para la cocina.

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En este caso del Jibo aparece la noción del robot en la casa, conectada con las formas y comportamientos de las mascotas. Las ideas en torno a las máquinas capaces suplantar o asistir en tareas hechas por el hombre no son nuevas. Artefactos muy sofisticados, que usaban principios básicos de ciencia, aparecen en la Grecia Antigua, en China, en Egipto, como aparece en esta brief history of robots. El propio Leonardo Da Vinci se acercó a la idea del robot con su Caballo Mecánico (mechanical knight), un humanoide automático construido cerca del año 1495.

La palabra “robot” viene de una obra de teatro de ciencia ficción checa de 1920. La voz checa para la servidumbre, robota, entró en el idioma Inglés como “robot” y se ha quedado desde entonces como una descripción de las máquinas autónomas o semi-autónomas. El nombre que se le da a este este campo de la tecnología, la robótica, también es producto de la ciencia ficción. El escritor y bioquímico de origen ruso Isaac Asimov (1920 – 1992) acuñó el término para una corta historia en la década de 1940.

'Maria' en Metropolis, 1927. Fre Langs

El robot ‘Maria’ en Metropolis, 1927. Fritz Lang. [imagen: Universum Film]

Al parecer, los temores que han surgido por la toma de control de los robots sobre la raza humana, también son parte de las historias de ficción. La expansión en el uso de robots, especialmente en la industria automotriz, demuestra que estos miedos por el dominio de las máquinas se diluye en la producción de bienes, mientras algunos aparatos y dispositivos son fabricados y comercializados por reconocidas marcas como iRobotSamsung y Electrolux, para asistir a las personas dentro de sus hogares. Artefactos que siguen siendo aparatos, máquinas sin rostro.

Pero no siempre fue así. Rosey, la robot de la popular serie de dibujos animados The Jetsons diseñada por el ilustrador Bob Singer y producida por Hanna-Barbera en 1962, supone en esta ficción de la vida cotidiana de una familia norteamericana, que estos dispositivos ‘inteligentes’ son como asistentes, como sirvientes dóciles y leales. Una visión moderna de la sociedad con restos de esclavitud.

Imagen: icollector.

Imagen: icollector.

Cíclope, hijo de Zeus en la mitología griega | Michael "Mike" Wazowski, personaje de las películas de Disney Pixar, Monsters, Inc. y Monsters University.

Polyphemus, el gigante hijo de Poseidón, un de los Cíclopes de la mitología griega conocido por crear armas y herramientas a los dioses | Michael “Mike” Wazowski, personaje de las películas de Disney Pixar, Monsters, Inc. y Monsters University.

Las formas humanoides han quedado atrás, posiblemente para dar paso a las representaciones de figuras extraídas de la mitología griega, donde se exalta la potencia de la visión con un solo ojo, como en el Jibo. De aquí, a las mascotas convertidas en robots, no precisamente en historias de ficción, sino disponibles para el público.

Sony, AIBO ERS-7. 2003.

Sony, AIBO ERS-7. 2003.

En la década de los noventa, la Sony comenzó a desarrollar, desde su laboratorio en Palo Alto, una tecnología basada en inteligencia artificial para la creación de las mascotas robóticas más famosas en todo el mundo: AIBO, una serie de animales que fueron puestos en el mercado hasta 2006. En 2007, la empresa Innvo Labs fabricó un pequeño robot mascota en forma de dinosaurio animatrónico llamado Pleo, con cámara, micrófono, sensores y un precario sistema de reconocimiento de voz.

Así mismo, han aparecido varias mascotas como FurbyUlo es una cámara de vigilancia en forma de un pequeño búho, una mascota que se comunica con las expresiones de sus ojos. Éste último un proyecto del diseñador francés Vivien Muller donde se caricaturiza un animal como excusa para camuflar dispositivos técnicos dentro de la casa, asumiendo que se pueden minimizar los problemas de interacción con esta estrategia.

Las mascotas, que han creado un impresionante mercado de productos y accesorios en todo el mundo, no solamente ofrecen compañía a sus dueños, sino que estudios demuestran el importante vínculo que crean con las personas, además de los beneficios en salud y autoestima. De alguna manera, tratamos a los objetos como mascotas, en estrategias de diseño que buscan rescatar esa empatía con los animales. En el caso de los robots-mascotas aparece una expresa suplantación del animal. La pregunta es: ¿será que en el futuro la gente aceptará con el mismo afecto estos robots?. El lujo que supone mantener una mascota en los centros urbanos probablemente forzará esta relación, que hoy ocupa el campo de la robótica social.

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Finalmente, el Jibo estará en el mercado a mediados de 2016 para quienes lo adquirieron en una pre-orden y a un precio de $749.

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Información

Jibo
www.jibo.com

Huge Design SF
www.huge-design.com