Bobby Driscoll en la película “The Window” (1949), del director Ted Tetzlaff.

Quienes piensen que los días del capitalismo del laissez faire, laissez passer terminaron para dar paso a una amalgama de capitalismo regulado por el Estado, están muy equivocados. Basta con observar la evolución de las cifras de emisiones mundiales del CO2 y la producción y consumo mundial de automóviles para notarlo.

Mientras el mundo dividido en estados nacionales, que agotan su política interna en el estéril debate de cuánta regulación y cuánta desregulación es lo ideal para la economía, el fantasma del calentamiento global amenaza en forma creciente la vida humana planetaria. La razón de que no ocurra nada al respecto, se halla en que los costos de aislar eficientemente a una población elite, de los efectos cataclísmicos del calentamiento global son lógicamente menores que aquellos asociados a un movimiento mundial de concientización y cambio del patrón de consumo de las grande masas. Más aun, la concientización y el cambio del patrón de consumo mundial que execre el uso individual del motor de combustión interna significaría la quiebra definitiva del capitalismo y el surgimiento del colectivismo. De acuerdo a recientes estudios del MIT, la población mundial (cerca de 7500 millones de habitantes) podría verse reducida a la mitad en los próximos veinte años y solo cerca del 10% viviría en ambientes controlados, es decir, la gran elite rectora del futuro orden mundial, una mezcla de appartheid con capitalismo e imperialismo ecológico. Hacia allá nos dirigimos en el mundo del laissez faire, laisez passer. Pobre de nosotros los ingenuos que creemos que lo que sucede es producto del destino sin control pues, no es cierto. Todo esta fríamente calculado en los laboratorios Bilderberg.

Con la evolución del internet, nuestro planeta se ha convertido en un sudoku, un juego de suma cero de inexorable resolución, si pones el uno y el cinco aquí, no podrás hacerlo allá. El dilema está, en cómo enfrentar el pasivismo interesado, con activismo crítico, antes de que los indicios de una catástrofe malthusiana nos alcance. La ventana del éxito se hace cada vez más pequeña y podrá ser medida en términos del número de habitantes que logren atravesarla al cabo de dos décadas.

…………………………………………………

Información

La frase laissez faire, laissez passer es una expresión francesa que significa «dejen hacer, dejen pasar», refiriéndose a una completa libertad en la economía: libre mercado, libre manufactura, bajos o nulos impuestos, libre mercado laboral y mínima intervención de los gobiernos. Fue usada por primera vez por Vincent de Gournay, fisiócrata del siglo XVIII, contra el intervencionismo del gobierno en la economía.