En todas las ciudades latinoamericanas que he tenido la oportunidad de conocer, la gente local siempre hace una critica dura sobre las condiciones en que se encuentran sus espacios públicos, sobre la manera en que sus propios paisanos actúan como ciudadanos. Un ejercicio de critica que cuestiona la propia identidad. Pero los porteños, el gentilicio de los habitantes la ciudad autónoma de Buenos Aires, tienen que reconocer que esta gran ciudad ha podido desarrollar un estado mínimo de orden, de civilización. El primer indicio de esta afirmación se puede verificar en el respeto automático que se tiene por la luz roja del semáforo, que de una manera muy general, organiza el flujo y la movilidad de la vía pública.

En algunas piezas de mobiliario que se encuentran en las calles de Buenos Aires, carteleras, kioscos de flores y de revistas, hay un aroma de una ciudad europea: BsAs ha pensado por mucho tiempo en sí misma como en otro París. En sus años de gloria, la ciudad se apropió con mucha fuerza de las ideas europeas sobre la arquitectura y el urbanismo. El resultado es un tesoro de edificios de baja altura, gran cantidad de plazas y parques con mucha sensualidad, calles con sombra y docenas de monumentos que cuentan las historia de la ciudad.

Carteleras públicas fabricadas en fibra de vidrio (fiberglass) que emulan piezas de acero fundido

La acera, el espacio para el mobiliario urbano por excelencia, como interfaz entre la ciudad y el ciudadano ha heredado lo más importante para su valorización como elemento urbano: la amplitud. Así pues, se puede caminar con bastante solvencia por las aceras de esta ciudad.

En un corto recorrido que hicimos por calles y avenidas pudimos recoger imágenes del inventario de mobiliario urbano y de los servicios, que como el Metro (Subte), impactan la topografía de la ciudad con alguna materialidad funcional:

En los servicios como el transporte la cadena de productos del mobiliario urbano conecta los objetos de la superficie con los dispositivos específicos del uso.

El recorrido mira el inventario standard: aquél que se encuentra en las vías de mayor uso. Encontramos algunas piezas, muy repetidas, que han estado en las aceras de la ciudad por mucho tiempo y otras de épocas más recientes.

Cabinas fabricadas en fibra de vidrio y utilizadas como puestos de vigilancia. Se las puede ver en fábricas, aceras, parques.

Paradas de autobús para líneas interurbanas. Estructura de gran tamaño que se compone de dos alturas de cobertura.

En 2004 el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y Subsecretaría de Producción, Turismo y Desarrollo Sustentable promovieron el Concurso Nacional para el diseño de todos los elementos de mobiliario urbano y equipamiento para la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. El certamen proponía, junto a otro tanto de solicitudes, a los concursantes a utilizar el 70% de materiales fabriados en el país, solo 10% de partes importadas y el resto cubierto por cualquier país del Mercosur. De esta manera se alzaba la bandera de un nuevo mobiliario para la ciudad. El primer premio compartido de este concurso fue para el equipo que dirige la arquitecta Diana Cabeza, quienes han diseñado importantes piezas de mobiliario en la ciudad. Las paradas de autobús o refugios de colectivos, que forma parte del proyecto ganador que fueron presentados recientemente se han comenzado a ser instalados en la ciudad, trás una feróz y complicada trama de conflictos (muy común en el diseño e implantación de piezas de mobiliario urbano en una ciudad) entre proveedores, contratistas y el estado, por la tenencia y explotación de los contratos de fabricación y mantenimiento.

Proyecto Estudio Cabeza

Buenos Aires es una ciudad que alberga cerca de 12 millones de habitantes en un territorio plano y que crece constantemente en la margen del río de la Plata. La composición de sus espacios internos la marcan, como en todas las ciudades, una organización por barrios. La vocación de cada una de estas zonas está en constante transformación y el fenómeno inmobiliario y valorización de los terrenos provoca nuevos usos de los espacios.

Mobiliario en el Bulevar Santa Fé

Así podemos ver, en la expansión de la ciudad espacios muy comerciales como el Bulevar Santa Fé. También, lo que provocó la movilización de la actividad portuaria en los años treinta, de Puerto Madero hacia Puerto Nuevo y que después en la década de los noventa la gran explosión inmobiliaria, cuando grandes inversionistas comenzaron a reciclar viejos edificios comerciales en un lado del canal. En ese nuevo espacio del Puerto Madero, con edificios de gran altura y costosas propiedades en oficinas, apartamentos y restaurantes, se crearon situaciones muy particulares para la instalación de mobiliario urbano con nuevas propuestas.

Puente de la Mujer. Puente giratorio del ingeniero-arquitecto valenciano Santiago Calatrava. Puerto Madero.

Mobiliario desarrollado en el Estudio Cabeza, dirigido por la Arq. Diana Cabeza.

Muchos otros estudios de diseño y profesionales han abordado el tema de mobiliario urbano, como la gente de ARQOM con la serie de Bancos Simoa. Se trata de una propuesta y emprendimiento propio. Una línea artículada para uso exterior público o privado que combina estructuras de madera y hormigón premoldado. Esta familia de productos fue acreedora del premio Innovar 2008 en la categoría de diseño industrial, una plataforma impulsada desde el estado para apoyar la innovación.

Línea de bancos SIMOA

En 2005, Buenos Aires  fue nombrada Ciudad del Diseño por la UNESCO e integrada así a la Red de Ciudades Creativas de la Alianza Global para la Diversidad Cultural, creada en 2002. Esta distinción es un fuerte impulso público y privado de inserción y desarrollo del diseño, que evidentemente moviliza algunos sectores de la ciudad y beneficia a grupos pequeños de diseñadores, gestores públicos e industrias.