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En el consenso respecto a que el diseño es finalmente para la gente, lo que no está muy claro y abre los caminos para la discusión es cuando el trabajo del Diseño llega a las manos de las personas. Es un asunto de tiempo hasta que en la tecnología, en la ciencia o en cualquier forma de conocimiento aparezcan las condiciones para que el Diseño opere, en esa construcción de los puentes hacia la multitud. Mientras esas condiciones no están dadas, la exploración se debe centrar en elaborar su propio discurso, desde lo más conceptual y poético hasta las prácticas instrumentales de la creación.

En el trabajo de la diseñadora y artista francesa Bina Baitel, que visitamos hace algún tiempo con la lámpara reversible Pull Over en una exploración con los materiales, la tecnología y la interacción, el trabajo exploratorio es clave. Su trabajo, que a menudo se extiende coquetea con lo caprichoso y lo fantástico, también explora formatos y piezas conocidas, en los terrenos de lo impreciso y lo sublime.

El Lash Clock es uno de los objetos de Bina Baitel que navega entre veleidoso del discurso del arte y las restricciones de la funcionalidad y la tecnología. “Entre un dispositivo de meditación y un reloj”, es como define Bina Baitel este extrañamente familiar objeto cotidiano, que ofrece una nueva experiencia en la percepción del tiempo. Estamos muy acostumbrados a los códigos estresantes determinados por las manecillas del reloj, al formato circular y, en los últimos 30 años, a reconocer el tiempo en la poderosa y literal imagen de lo digital. El sonido que produce un reloj ha sido la metáfora preferida en el cine para hacer acelerar la angustia que produce el paso del tiempo. Esta aproximación plástica de un objeto cotidiano nos ayuda a visitar lugares menos rígidos y estructurados en el diseño de productos.

Aquí el cabello es el material. La sutil eficiencia que aportan las hebras se acerca a la precisión necesaria para contar segundos, minutos y horas.

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El tiempo y especialmente el ejercicio de diseñar relojes son un clásico en las escuelas de diseño. Objetos cotidianos que sirven en muchos casos, como sillas, relojes o ceniceros (este último un artefacto en extinción), de escusas para la exploración de las formas y el encuentro con los materiales y los procesos de fabricación.

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Información

Bina Baitel
www.binabaitel.com