Ha pasado ya mucho tiempo desde que el empresario e inventor Thomas Alva Edison hiciera las mejorías necesarias, a finales del siglo XIX, de uno de los mayores inventos de la humanidad: la lámpara incandescente. Por supuesto que se ha hecho mucho en el desarrollo de la eficiencia de los bombillos, pero muy poco en relación al consumo de energía de ese filamento encapsulado que forma parte de la vida cotidiana. En su mayoría transforman la energía fundamentalmente en calor y solamente una pequeña parte en luz.

A mediados del 2012, un equipo liderizado por el inventor australiano Phil Bosua, estuvo trabajando en el desarrollo de una nueva lámpara incandescente. LIFX es el resultado de las presiones para la creación de productos inteligentes y de bajo consumo de energía. Este producto levantó mas 1.3 millones de dólares en 2013 durante la campaña de financiación en Kickstater.

Se trata de un bombillo que se conecta a la red WI-FI y con el uso de una aplicación en el teléfono permite controlar fundamentalmente la intensidad y el color de la luz. Los fabricantes de este invento declaran que el bombillo LIFX tiene una duración de vida estimada de 50.000 horas, contra el promedio de 1.000 hora de uso de los bombillos convencionales en el mercado.

El Lumen es la unidad internacional de medición del flujo luminoso y el consumo de energía eléctrica se calcula por la cantidad de Watts para producir una unidad Lumen. La lámpara LIFX puede producir 900 Lumens con 15 Watts, contra 60 Watts que utilizan normalmente los bombillos en la casa.

Como en todo proceso de supervivencia, la carrera de los productos que pretenden competir y compartir el protocolo del Internet de las Cosas (IoT), es cada vez más ruda y el consumo de energía está presente en la agenda político-económica mundial. LIFX se une a otros productos inteligentes que conviven en el paisaje cotidiano, como la línea NEST de controladores de temperatura y alarmas contra incendio.

Las posibilidades del uso de aplicaciones digitales (apps) en productos, que van más allá de las actividades de control, hacen pensar no solamente en lo inteligente de esos objetos, sino en la posibilidad a futuro de un verdadero consumo inteligente.

Será un problema definitivamente de los costos de fabricación y por supuesto del impacto en la huella de carbón de este producto, pero todavía nos aterroriza la idea de que cada bombillo en la tierra tenga que tener su propio sistema que lo conecta a la red.

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Información

LIFX
www.lifx.com