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Las ideas de la llamada Economía Circular provienen de los esfuerzos para darle sentido y pertinencia a las tensiones que surgen de la producción y el consumo. Extraer materiales de la naturaleza, procesarlos, consumirlos y simplemente desechar han sido las bases de un modelo lineal de la economía es el sistema capitalista. El impacto ambiental de este proceso, la escasez de recursos y el agotamiento de las energías fósiles son una señal para los cambios de paradigma. Ya tenemos buenos ejemplos de esta nueva visión, pero la comunidad del diseño tiene que tomar en serio el mandato que emerge de esta realidad y que tiene que estar expresada en los productos y objetos que diseña.

Se llama circular precisamente porque es un modelo donde no se produce desperdicio, o donde los desechos son parte de la cadena de producción. La Ellen MacArthur Foundation en Inglaterra propuso en 2010 las siete directrices que mueven la Economía Circular: extracción sostenible de recursos, diseño ecológico, ecología industrial, economía de la funcionalidad, consumo responsable, ampliación de la vida útil, reciclaje (recycling and upcycling).

Convencidos de que es posible diseñar, producir y vender productos hechos para durar, los diseñadores franceses Julien Phedyaeff y Christopher Santerre co-fundaron L’Increvable en 2015, una empresa totalmente dedicada al desarrollo de aparatos electrodomésticos reparables y modulares, a partir del desarrollo de una lavadora de ropa diseñada para vivir 50 años.

En el artículo In-depth – Washing Machines aparece que “más hogares poseen lavadoras que automóviles en Europa” y esto es una pista clara de las posibilidades de re-diseñar este producto. Para estos ex-alumnos de la escuela ENSCI-Les Ateliers en Paris, desde la L’Increvable, los consumidores pueden reparar sus artículos, reutilizar productos de segunda mano o hacer un poco de upcycling (un proceso en el cual los materiales usados se convierten en algo de mayor valor en su segunda vida). La máquina “fue pensada en respuesta a los excesos de la obsolescencia incorporada y la cultura desechable”, y está diseñada para ser reparada fácilmente por los propios usuarios. La L’Increvable, que significa incansable o inmortal en francés, podría entrar en la avalancha de productos open source, donde las personas podrían tener acceso a la fabricación de partes.

La obsolescencia en los productos es una cosa del pasado.  Lo que hoy conocemos como Obsolescencia Programada (Planned Obsolescence) fue un término utilizado por el comerciante norteamericano Bernard London, en el capítulo “Ending the Depression Through Planned Obsolescence” de su libro The New Prosperity publicado en 1932. London proponía la obligatoriedad de una política donde los productos deberían tener un tiempo de vida, una manera de reactivar la economía luego de la depresión de los 20′.

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En esta lavadora con capacidad para 8 kg. de ropa. el diseño de partes y componentes el pensado para una fácil reparación. Al mismo tiempo, el panel de control y el frente de la máquina son piezas modulares que pueden ser perfectamente personalizadas.

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Una plataforma de servicio robusta es lo que hace viable un proyecto como este.

En el concepto de Economía Circular surgen grandes oportunidades para el diseño. Diversas estrategias para el desarrollo de productos han sido implementadas con otros nombres. El Design for Repair, por ejemplo, estaba conectado con una economía de la funcionalidad y de alguna manera con las soluciones relacionadas a la obsolescencia planeada en los productos. Grandes empresas como Google y Motorola han puesto en marcha recientemente proyectos con esta misma estrategia, piezas modulares que puedes ser reparadas o intercambiadas con facilidad. Proyectos que operan dentro de la lógica de la Economía Circular, mirando los aspectos funcionales en los productos.

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Información

L’Increvable | Julien Phedyaeff & Christopher Santerre
www.lincrevable.com

L’Increvable
The James Dyson Foundation