Estamos seguros que en algún momento habrás olido un perfume que te haya recordado alguna persona, algún lugar. Una comida que te haya sugerido algún sabor familiar, disparando imágenes de experiencias pasadas contenidas en la memoria. El fenómeno que asocia una experiencia sensorial con un recuerdo, se le conoce como el efecto ‘Magdalena de Proust’. Marcel Proust, el célebre escritor francés que, a principios del siglo XX, publicó En busca del tiempo perdidouna novela en la que el autor pasa de la descripción más mundana de la sociedad contemporánea a la exploración minuciosa de la mente humana. Allí aparece una anécdota donde el autor recuerda algunas cosas de su pasado, luego de comer una Magdalena (proveniente de una cocinera francesa de nombre Madeleine Paumier, a la que se le atribuye el invento del Ponqué o Cupcake).

El proyecto Scent-Ography: A post-visual Past Time, también llamada Madeleine, fue el trabajo final de la diseñadora Amy Radcliffe, ex-alumna del programa de Master in Arts MA Textile Futures en el Central Saint Martins en Londres. El proyecto fue presentado el pasado mes de abril de 2013 en el espacio de Tom Dixon llamado Most, durante el Milán Design Week en Italia.

En una breve conversación que tuvimos con Amy Radcliffe, nos comenta que “el proyecto es una especulación idealizada de una sistema doméstico de captura y síntesis del olor basado en una tecnología existente”. También nos advierte: “este modelo no es un prototipo completamente funcional y el diseño del servicio está únicamente sugerido.

“Se cree que nuestro sentido del olfato tiene un enlace directo con nuestra memoria emocional. Es el sentido con el que reaccionamos de forma más instintiva, también el que está más lejos de ser almacenado o reproducido digitalmente. Del olor de los paisajes al olor completamente único de un individuo, nuestra memoria olfativa es un valioso recurso para ser capturado y archivado sistemáticamente. Si pudiéramos desarrollar un sistema analógico y amigable para la síntesis y captura de olores, podríamos ver un cambio profundo en la forma en que consideramos el uso y efecto de los olores en nuestras vidas. A partir de la manipulación de nuestro bienestar emocional, a través de la nostalgia prescrita y con el uso funcional de la memoria olfativa condicionada, nuestro sentido del olfato podría asumir un rol mucho más consciente en la manera  en que consumimos y registrarmos el mundo”.

El objeto desarrollado por esta alumna presenta marcados rasgos de un artefacto para una química ligera. El uso del cristal y la cerámica podría acercarnos a los objetos de perfumería o a los ambientes de viejas droguerías. Sugerencias de iconos de la ficción contemporánea están presente en algunos de los componentes de este producto.

“Madeleine es básicamente una cámara analógica de olor. Está basada en las prácticas utilizadas en la perfumería y en la tecnología Headspace (una técnica desarrollada en la década de los ochenta que permite conocer los componentes de olor presentes en el aire alrededor de los objetos). Madeleine funciona de la misma manera que una cámara de 35 mm.: mientras la cámara graba la información de la luz de un elemento visual con el fin de crear una réplica, Madeleine registra la información molecular de un olor”.

La gente de Marketing hace ya un buen tiempo que trabajan, para grandes empresas, con el concepto de Sensory Branding o Marketing Aromático: una moderna técnica de estimulación, capaz de transmitir ciertos valores aprovechando las capacidades de nuestro sentido del olfato. Una de las bases del surgimiento de esta técnica está en una investigación realizada en la Universidad de Rockefeller que reveló algunas de nuestras capacidades de afectación y recuerdo, concluyendo que el ser humano recuerda el 5% de lo que ve, el 2% de lo que oye, el 1% de lo que toca, contra un 35% de lo que huele.

La Perfumería, la Cata de vinos y la Gastronomía son espacios donde el sentido del olfato es fundamental en la experiencia. El crecimiento y diversificación de esta última actividad es el centro de atención de la disciplina emergente llamada Food Design. Es aquí, en el espacio de la alimentación y la cocina, que el diseño de experiencia, que trabaja de alguna manera con los sentidos de las personas, tiene que revisar esa mirada centrada únicamente en los aspectos visuales, táctiles y auditivos, para encontrar nuevas formas de interacción en el sentido del olfato.

Lo que nos parece interesante en este proyecto es el coraje de diseñar un artefacto que trabaje fundamentalmente con el diseño de una experiencia con los aromas y los recuerdos. Un ejercicio de diseño que juega con la geometría del olor.

(Todas las imágenes cortesía de Amy Radcliffe)

…………………………………………………

Información

Amy Radcliffe
www.amyradcliffe.co.uk

Textile Futures
www.textilefutures.co.uk