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La constatación del trabajo de diseñadores iberoamericanos fuera de sus países, tanto en el área profesional como en las experiencias dentro de instituciones académicas, podría ayudar a conocer la influencia e impacto de la región en el campo del diseño y el perfil de cuadros profesionales emergentes. Diseñadores que siempre serán un activo para el desarrollo y consolidación del diseño en cada país.

Nos encontramos con el trabajo de Daniela Vollmer Niño, una joven venezolana de Maracay graduada en Diseño Industrial en el Savannah College of Art and Design (SCAD) en Georgia y que trabaja actualmente en el área de innovación social dentro la organización Design Impact en Cincinnati. “Cuando terminé el bachillerato me vine a los Estados Unidos para hacer un año de intercambio con el plan de regresar a estudiar en Caracas. Durante ese año vi una presentación de la que sería mi futura universidad. Descubrí que había no solo una carrera, sino una universidad completa dedicada al arte y al diseño, lo que para mi hasta entonces había sido sólo un hobbie. Salió la oportunidad, no dudé en arriesgarme y aprovecharla”, nos cuenta Daniela.

En medio de sus proyectos académicos, nos llamó la atención particularmente el diseño de un mobiliario diseñado en Haití, bajo el nombre de Transformación a través de la Educación (Transformation through Education). Proyectos con este perfil, cada vez más frecuentes en las escuelas de diseño, son una gran experiencia y permiten indagar sobre las reales oportunidades del diseño, dentro de lo que se ha llamado la Innovación Social.

Sobre este proyecto, que sabemos se hizo dentro de una experiencia académica, ¿cómo se montó, quienes participaron desde la Escuela y cuanto tiempo duró?.

El proyecto de Haití fue parte de un programa que ofrece la universidad llamado Collaborative Learning Center. El programa conecta a empresas de distintos sectores (desde Google, hasta organizaciones como el el Community Coalition for Haiti – CCH) con estudiantes de distintos campos, que colaboran en un proyecto de diseño dictado por la empresa. En nuestro caso, formamos un equipo integrado por diseñadores industriales, de servicios, interiores, gráficos y fotografía. Combinamos nuestro  esfuerzo creativo para ayudar a lograr las metas propuestas por CCH. El propósito de la organización era diseñar un equipamiento de mobiliario multifuncional para la escuela de Mont Fleuri en Haití, creando un ambiente educativo de mayor interacción para estudiantes y profesores de la comunidad.

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¿Cómo fue el trabajo de preparación e investigación antes del viaje?.

Lo primero que hicimos fue tratar de investigar y leer lo más posible acerca de la comunidad en la cual estaríamos diseñando. Luego, identificar quiénes eran los principales “jugadores” o stakeholders del proyecto, para entonces contactar diferentes personas de origen haitiano que tuvieran experiencia en el campo de la educación. Hicimos algunas entrevistas y encuestas para comprender mejor a quienes serían nuestros usuarios. A partir de lo que pudimos levantar y aprendimos, generamos una serie de ideas que, con la ayuda de la organización, fuimos formalizando como conceptos.

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¿Cómo fue la experiencia con la gente en Haití?.

El proceso de diseño es iterativo y rara vez lineal. Después de varias rondas de ideación y conversaciones con los miembros de la organización, decidimos que teníamos ideas suficientemente sólidas e informadas como para intentar viajar a Haití y validarlas con la gente. Estuvimos ahí un poco más de una semana y visitamos la escuela que tanto habíamos visto en fotos y tenido en cuenta para el proyecto. Entrevistamos a estudiantes y maestras con la ayuda de un intérprete. También visitamos otras escuelas locales para conocer sus espacios, uso de materiales y tecnología.

Logramos obtener insights más profundos después de ese contacto más directo con la realidad de la comunidad. Hicimos los ajustes necesarios en nuestros conceptos para dar cabida a todo lo nuevo que habíamos descubierto. Presentamos el avance de estas propuestas a la directora de la escuela y a algunos miembros de la comunidad (incluyendo a herreros y carpinteros, quienes nos ayudarían con la manufactura de los muebles),  que nos dieron algunas recomendaciones. Los últimos días, con planos en mano, nos dedicamos a buscar talleres en donde trabajadores locales ofrecieron sus sugerencias y capacidades para determinar si realmente se podrían fabricar los muebles localmente.

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Todos los días vemos proyectos, especialmente académicos, que hablan de productos dirigidos a países en desarrollo, ¿crees que se pueden hacer trabajos de innovación social o diseño sin hacer una inmersión en el sitio?.

Creo que la prioridad número uno de hacer proyectos de esta naturaleza es precisamente hacer una inmersión en la comunidad donde viven quienes se van a beneficiar del producto o el servicio. También es clave que la estrategia de diseño permita el trabajo de co-creación con la comunidad e incluir a la gente, más allá de sólo diseñar para ellos. Es un tema complejo y aunque creo que la mayoría de estas iniciativas vienen con mucha generosidad y buenas intenciones, pero es muy posible hacer más daño que proporcionar bienestar cuando no se conocen en profundidad las circunstancias culturales de la comunidad.

¿Qué fue lo más importante de ese trabajo?.

Creo que fue la primera vez que tuve una experiencia tangible, donde descubrí el potencial del diseño como una herramienta verdaderamente transformadora. Después de esa experiencia conocí las posibilidades de cambio que hay dentro del diseño con enfoque social.

¿ Construyeron algún prototipo?. ¿Por qué la solución final del mobiliario utiliza un material como el hierro en un ambiente de alta salinidad?.

Nuestra idea inicial fue diseñar la estructura de los muebles con Bambú, un material relativamente económico, disponible en Haití y además fácil y rápido de cultivar en climas tropicales. Pero uno de los aprendizajes más importantes del viaje fue enterarnos que en otras escuelas locales ya se había intentado un proyecto similar y el bambú había resultado ser poco duradero y requería mucho trabajo de mantenimiento. Consultando con herreros y carpinteros de la comunidad, nos recomendaron usar tubo de acero, que propiamente tratado sería mucho más sostenible que el Bambú.

A pesar de que los “prototipos” que hicimos no pasaron de ser modelos digitales, entregamos la documentación del proyecto a la organización, quienes se encargaron de conseguir los recursos para hacer los primeros prototipos en Puerto Príncipe.

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¿Me puedes contar de algún proyecto en el que estás trabajando ahora?. 

Estamos haciendo un trabajo con el Hospital de Niños de Cincinnati, enfocado en la salud y desarrollo de niños que viven en dos sectores de alto riesgo de la ciudad. El proyecto busca comprender cómo el acceso a servicios, las diversas circunstancias familiares y otros aspectos culturales interfieren en el desarrollo saludable de los niños que viven en estas dos comunidades.

Parte de nuestra estrategia ha sido crear lazos con madres líderes de estos sectores. Ellas se han convertido en nuestras principales aliadas en el proyecto: nos han ayudado a identificar áreas de oportunidad, han sido un puente para llegarles a las familias que están aisladas de sus comunidades y nos han ayudado a conectarnos y entrevistar a otras madres de la comunidad que están atravesando dificultades. Cuando terminemos la fase de entrevistas, nos reuniremos una vez más con miembros de la comunidad, madres y el equipo del Hospital para sintetizar la información. A partir de ahí co -crear soluciones que den respuesta a las carencias y dificultades que enfrentan estas comunidades.

¿Crees que se pueden hacer trabajos de innovación social en Venezuela?

Venezuela está pasando por un tiempo muy complicado y creo que hoy más que nunca necesita que las mentes brillantes del país unan fuerzas para resolver problemas creativamente. A pesar de las adversidades y la crisis social que vivimos, he visto surgir varias iniciativas que buscan dar respuesta a profundos problemas sociales. Un excelente ejemplo de esto es el Proyecto Alcatraz de la Fundación Santa Teresa, que busca rehabilitar a miembros de bandas delictivas de la zona a través de medios sanos como el deporte y el trabajo en equipo. Hay muchísimas más iniciativas de menor escala que buscan atacar problemas sociales desde el diseño y lo que necesitan para prosperar es que se les dé una oportunidad de demostrar el valor y el poder de la innovación social.

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Información

Daniela Vollmer Niño
www.danielavollmer.com

Design Impact
www.d-impact.org

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