El desarrollo de productos se debate entre dos poderosos polos: el diseño de las formas y los paradigmas discursivos. Por un lado, diseñar objetos y desarrollar productos es la actividad conectada al proyecto que permite finalmente producir formas. Es en la práctica de esta actividad que encontramos los resultados concretos de las cosas. En el otro extremo, los paradigmas de pensamiento mueven el foco de la actividad de proyecto por derroteros insospechados, algunas veces con tal fuerza que dejamos de conocer el sentido del diseño.

Discursos como el de la sustentabilidad, la innovación, el diseño social, la comunicación o la tecnología, por nombrar los más conocidos, han impulsado históricamente a los diseñadores a recorrer y explorar espacios nuevos. Pero también, el debate en la búsqueda de la hegemonía de cada una de esas líneas de pensamiento ha obligado al diseño a su reformulación constante, a su transformación y crecimiento. Aunque parezca un contrasentido, los espacios para el trabajo de los diseñadores están precisamente en el centro de las discusiones de esos discursos. El balance y dosificación de las fuerzas que ellos representan es la tarea más compleja que un diseñador tiene en el desarrollo de un producto.

Artesana en la Chamarra, Los Andes. Encuentro con comunidades de artesanos en “Diseño al Límite 2007”

El mundo cambia constantemente y se reacomodan los medios de producción. Hoy se levantan las banderas del “diseño verde” y surgen algunas sospechas: ¿cuándo fue que el diseño dejó de velar por la optimización de los procesos o por el uso racional de los recursos y materiales?, ¿en qué momento el propósito del diseño abandonó la idea de crear productos novedosos que ahora el discurso de la innovación reclama su espacio? Y por último: ¿cuándo fue que las personas dejaron de ser el destino final de los productos, que ahora los proyectos necesitan tener algún componente social para su éxito en el mercado?

Caracas, 2012. Recorrido con “Caracas a Pie” por San Angustín, Metrocable

Este reacomodo de los medios también propone nuevos enfoques en las áreas de trabajo. La ciudad ha dejado de ser el dominio de arquitectos y urbanistas, para convertirse en un espacio transdisciplinar que propone al diseño industrial problemas concretos y complejos. El desarrollo ya no está conectado básicamente con la generación de industrias, el conocimiento es el principal indicador de este desarrollo. Nuevos sistemas de producción surgen para dar paso a prácticas colectivas en la generación de sustento e identidad.

Usuarios y contexto, 1994 (iup). Basado en el modelo de Eason de 1951

El acelerado proceso de los avances en la tecnología demanda del diseño propuestas que permitan hacer comestibles y digeribles estos avances, buscando nuevas maneras de interacción con productos y objetos: diseño de interfaces. Finalmente, reconocer que el diseño es para la gente, no para la tecnología. Lo que en un principio se llamó usuario y que luego fue re-formulado por el conocido discurso del ‘diseño centrado en el usuario’ (user centered design), “un diseño basado en las necesidades del usuario donde la estética de los productos es un aspecto secundario” (Norman, 1988), abrió el camino para que luego habláramos de productos amigables (friendly) y para que hoy se reencuentren estos aspectos en el diseño de la experiencia.

Es tarea de los diseñadores reconciliarse con la disciplina y abandonar las posturas radicales o ingenuas en relación a los discursos, para diseñar mejores productos, más honestos, más eficientes e inteligentes.

Texto realizado para la muestra online “NoMATERIA: más divulgación, menos átomos” en 2011 por Ignacio Urbina Polo

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Información

2011 – NoMATERIA, Más Divulgación, Menos Átomos
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2012 – NoMATERIA, El Valor del Diseño Industrial
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