Mejor Trabajo Fin de Grado 2013 – Categoría de Diseño de Producto. «OKO».
Autor: Jordi Ros Cruz, Grado en Diseño de ELISAVA. Tutores: Martín Ruiz de Azúa y Luis Eslava

El año pasado tuvimos la oportunidad de estar en ELISAVA Escuela Superior de Diseño e Ingeniería en  Barcelona y conocer de cerca el trabajo que hacen, en varias áreas del diseño. En conversaciones con Ramón Benedito, ex-alumno de la institución y actualmente su Director General, pudimos entender un poco más sobre el significado del diseño industrial para esa Escuela. Al mismo tiempo pudimos conocer la estructura, programas y actividades que se realizan en una institución que acaba de arribar a sus 50 años de funcionamiento.

ELISAVA promueve la trayectoria académica y la excelencia de sus alumnos a través de la convocatoria anual de los Premios Ei! al mejor expediente académico y a los Proyectos Final de Estudio más destacados de cada promoción. En la última edición de este reconocimiento, a finales del año pasado y en el área de diseño de producto, el Premio lo recibió el diseñador Jordi Ros, con el proyecto OKO:  un kit doméstico diseñado para la preparación de cualquier tipo de infusión y maceración, tanto en frío como en caliente.

Le damos las gracias a la Arquitecta y Diseñadora de Producto Rocío García Ramos, editora del Blog La arquitectura del objeto y ex-alumna del Master en Diseño de Producto de Elisava, por el contacto y sugerencia de este proyecto, que aborda asuntos muy particulares en el paisaje del hogar. Para conocer un poco más de este trabajo fuimos a conversar con Jordi Ros sobre OKO y otros temas.

¿Alguna razón particular en la selección de la temática para desarrollar OKO?

Razones se me ocurren algunas. Realmente cuando empecé a explorar las temáticas posibles para mi proyecto final tenía un espectro muy abierto. En cuanto a tipología, estaba seguro de querer desarrollar un conjunto de utensilios enfocados a un ritual cotidiano, a una tarea concreta. En cuanto al ámbito, me interesaba muchísimo la ‘menajería’, el objeto pequeño y la gastronomía doméstica.

OKO surge de la combinación de todas estas variables. Me atraía mucho la idea de poder, no sólo generar un producto como objeto, sino también una filosofía de diseño de producto que pudiese ser aplicada en otros ámbitos.

OKO le da una mirada a ciertas actividades cotidianas, muy cercanas a la preparación de alimentos.

¿Cuáles fueron las principales premisas para concluir con una familia de objetos que conforman un artefacto completamente analógico y con esa sencillez en conexión con las personas?

La premisa principal para mí fue explorar la relación emocional que llegamos a entablar con los objetos que utilizamos a diario. No sé explicar completamente el por qué, pero encuentro que es una fuente muy potente de información para mi como diseñador, que desde principios de la carrera me llamaba muchísimo la atención. ¿Por qué utilizamos ese objeto y no otro, que realmente podría cumplir la misma función?. ¿Por qué nos resulta más atractivo?. Dejando fuera cuestiones como la marca o la publicidad, ¿qué es lo que nos hace sentir en sintonía con un objeto particular?.

La segunda premisa fue encontrar y facilitar un contexto viable en que esta conexión objeto-persona quedara remarcada. Así fue como surgió la idea de desarrollar un ritual en torno a los objetos, un ciclo de uso. Un proceso que permitiese combinar distintas herramientas o utensilios para conseguir un objetivo, que posteriormente el usuario pudiese disfrutar. De ahí la búsqueda de un producto completamente analógico y de alguna manera terapéutico y lúdico, sin llegar a ser pretencioso.

Un otro asunto, muy importante para mi dentro del proyecto, fue el aspecto sensorial de los objetos: observarlos, la experiencia al tacto, el olor que desprenden. De ahí vino la elección y combinación de los distintos materiales, siempre teniendo en cuenta claramente las prestaciones físicas de cada uno. Es decir, no se trataba de una cuestión puramente estética, sino de encontrar un equilibrio entre ambos parámetros.

El punto crítico, que ayudaba a recoger el proyecto y presentarlo como un conjunto coherente, fue tener una identidad clara de producto. Sin referirse puramente al aspecto gráfico, sino hacer una declaración de intenciones y comunicarlo efectivamente: ¿qué es?, ¿para quién es?, ¿qué pretende conseguir o demostrar?.

En definitiva, la experiencia de colaborar con todos los profesionales que han hecho OKO posible es inigualable: mis tutores, los artesanos de la cerámica y madera, e incluso con amigos y colegas que siempre te echan una mano.

Un conjunto de piezas fabricadas con materiales y procesos tradicionales.

¿Cómo vez la posibilidad de la comercialización de OKO?

La viabilidad era importante para mi. Siendo un proyecto final de carrera, hay más flexibilidad en el diseño, quiero decir que es más fácil experimentar y especular dentro del proceso creativo. Aunque me gusta mucho este aspecto, y creo que es vital, me interesaba mantener un cierto equilibrio entre imaginar un nuevo escenario de producto y la viabilidad de producción y comercialización de una propuesta como OKO.

Actualmente hay varias opciones abiertas: programas pilotos con empresas del sector y las plataformas de crowdfunding. La comercialización es viable, sin embargo se tendría que seguir desarrollando un poco más el producto para llegar a las soluciones óptimas, sin sacrificar la filosofía del proyecto. Para mi resultaría muy interesante poder llevar OKO hasta el final e incluso ramificar el proyecto en otras direcciones.

Las respuestas de diseño en este ‘kit’ son muy sencillas. El objeto y la persona son el centro de este ritual de preparación menuda.

¿Por qué estudiar diseño industrial?

He de admitir que mi primera elección de carrera universitaria no fue diseño industrial, si no administración y dirección de empresas. Realmente y aunque suene un poco extraño nunca tuve un interés especial en el diseño, más que nada por desconocimiento general. Desde luego nunca imaginé que acabaría estudiando diseño de producto.

Tras cursar mi tercer año de ADE, sentía que había un vacío creativo, respecto a lo que estudiaba. Me seguía gustando, pero no llegaba a cumplir mis expectativas de futuro, así que tras pensármelo bastante decidí explorar que otras opciones había ahí fuera. Así fue como llegue a conocer la escuela ELISAVA, donde finalmente acabé estudiando.

Curiosamente, mi introducción al mundo del diseño fue un poco extraña. No tenía ninguna idea de que significaba realmente ‘diseño’, más allá de las veces que escuchas a alguien utilizar el término. Siempre me ha interesado el mundo de la ilustración y dibujo, de hecho, esa fue mi primera apuesta al entrar: el diseño gráfico. En segundo año, por recomendación de un profesor, comencé a explorar las áreas de diseño de producto y servicios. Casi de inmediato quedé cautivado, hasta el punto de acabar convirtiéndolo en mi especialidad de carrera. Así que supongo que estudié diseño de producto, por casualidad, pero desde luego estoy convencido de que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida.

¿Ahora que te recibiste como diseñador industrial, cuáles son los planes, donde te ves trabajando en los próximos 5 años?

Ha sido un experiencia inolvidable, no sólo el desarrollo del proyecto y la producción, sino todo lo que ha venido después. Una bonita madera de cerrar esta etapa con el reconocimiento de un Premio.

A lo largo de la carrera tuve la oportunidad de realizar prácticas internas durante mucho tiempo en diseño de producto y conocer distintas filosofías de entender el diseño. También he podido conocer y hacer grandes amistades con las que comparto muchos intereses y objetivos. En este aspecto estoy en proceso de montar un colectivo de diseño pluridisciplinar y empezar a desarrollar proyectos, y subir paso a paso. Aquí, allá o dónde sea, ya se verá.

En realidad creo que los próximos 5 años serán una aventura, un buena escenario para estudiar y tomar riesgos, con el objetivo de establecer un estudio de diseño propio. Aún así, he de reconocer que no me gusta etiquetarme o considerarme sólo como diseñador de producto, hay muchas otras áreas dentro y fuera del diseño industrial que me atraen enormemente, y el hecho de poder combinarlos me resulta muy interesante.

¿Que piensas del diseño español?

Personalmente pienso que hay un alto nivel de diseño a nivel nacional, aunque a veces no puedes evitar pensar que todavía no se le da al diseño el peso que se merece. Por suerte creo que se empiezan a dar casos en lo que esto empieza a cambiar.

También puedo contar entre mis profesores a grandes profesionales del diseño nacional, y eso siempre te ayuda a tener una perspectiva interna más clara de la industria en general. Por mi parte, me alegro mucho de haber estudiado diseño en la ciudad de Barcelona, creo que viviendo en la época en la que vivimos, el diseño se ha vuelto más permeable como profesión. He tenido ocasión de colaborar en proyectos con gente de varios países y para mi eso siempre enriquece el proceso creativo, la mezcla de distintas perspectivas.

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Información

Jordi Ros
www.jordiros.es

ELISAVA | Escuela Superior de Diseño e Ingeniería
www.elisava.net