La idea de llevar agua en la mano, el ‘agua portátil’, es lo que ha generado la increíble producción de botellas plásticas en todo el planeta. Muchas respuestas de diseño han surgido desde que esos contenedores han aparecido como los grandes responsables en las estadísticas de impacto ambiental en todo el mundo.

Inspirado por las técnicas de la gastronomía molecular, tres estudiantes de diseño industrial en Londres desarrollaron el proyecto Ooho, una burbuja que funciona como recipiente para agua, barato de hacer, robusto, higiénico, biodegradable y comestible.

Estudiantes de diseño en el Royal College of Art en Londres, llegaron a una innovadora botella de agua comestible que se puede cocinar en casa. Hecha de una membrana gelatinosa, esta ‘botella’ biodegradable se puede comer o desecharse de manera segura. Diseñado por Rodrigo García González, Pierre Paslier y Guillaume Couche, el contenedor de agua recibió uno de los premios Lexus Design Award 2014.

El recipiente contiene el agua en una doble membrana que se logra gracias a un proceso llamado Esferificación, una técnica para moldear líquido utilizado en laboratorios desde 1946 y más recientemente popularizado por algunos Chefs en el famoso restaurante Bulli de España.

La capa gelatinosa no es exactamente una delicia culinaria. Está hecha de algas pardas y cloruro de calcio, pero es comestible. La membrana de algas de Ooho fue inspirada en las yemas de huevo, que utilizan una película delgada para mantener el contenido en su lugar.

Aunque reciclables, millones de botellas de plástico en todo el mundo son un verdadero problema. Una envase comestible ayudaría a los consumidores disminuir sus residuos, al mismo tiempo que establecería un ejemplo para las prácticas ambientales.

Pero los objetos comestibles (Edible Products) dejaron de ser una novedad hace algún tiempo. La técnica de empaque comestible desarrollada por el profesor David Edwards de la Universidad de Harvard de donde salieron los Wikipearls o la taza de café que se come, la CrunchyCup de la firma Lavazza, desarrollada hace algunos años por el diseñador venezolano Enrique Luis Sardi, son algunos ejemplos de esta interesante intersección entre el diseño y la comida.

Todavía, Ooho tiene algunos retos por delante. La capa gelatinosa no es exactamente una delicia culinaria, está hecha de algas pardas y cloruro de calcio. Es comestible, pero la dimensión del sabor es un buen espacio de exploración. La forma no es de una botella típica de agua, por lo que para escalar el producto en una distribución comercial habría que vencer algunos asuntos como la ‘perseverancia de la forma’. El agua embotellada a veces se congela, esto hay que resolverlo en una propuesta que usa un material tan frágil.

Ooho es una alternativa sencilla que podría reemplazar la astronómica producción de envases de plástico en el mundo. Se trata de un concepto de diseño que utiliza principios y hallazgos de una disciplina y los aplica en otra actividad. Esto podría marcar positivamente la gran discusión que  ha surgido en los últimos años sobre diseño en las fronteras con la gastronomía. Al mismo tiempo, pone en evidencia la importancia y pertinencia de los esfuerzos de diseño en relación al agua en todo el planeta.
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Información

Rodrigo García González
www.ideactionary.eu

Pierre Paslier
www.pierrepaslier.com

Guillaume Couche
www.guillaumecouche.com

 

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