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Todavía recuerdo que con una tapa de refresco aplanada o un botón de camisa, que ya tenía los dos huecos en el medio y un pedazo de pabilo, construíamos un gurrufío. Un sencillo juguete, mucho antes que aparecieran los teléfonos inteligentes, que producía un sonido muy particular al tirar de los extremos y poner a girar el disco. Milenarios artefactos giratorios (whirligigs) de origen chino utilizan los mismos principios físicos que vemos hoy en laboratorios de diagnóstico, que dependen en gran medida de centrífugas: máquinas con recipientes de rotación rápida que separan fluidos de diferentes densidades a través de la fuerza centrífuga.

El Paperfuge es uno de los inventos del joven y reconocido Bioingeniero Manu Prakash de la Universidad de Stanford en los Estados Unidos. Inspirado en el gurrufío, aparece esta centrifugadora de sangre manual hecha de papel y ‘ultra low cost‘ que puede salvar a miles de personas en países de poco acceso a los servicios médicos. El invento fue publicado a principios de año en la revista Nature Biomedical Engineering. La centrifugadora es una herramienta básica para el diagnóstico de enfermedades como la malaria, el SIDA, la enfermedad del sueño o la tuberculosis.

Según Prakash, “la centrifugadora de papel alcanza velocidades de 125.000 revoluciones por minuto”, lo que permite separar el plasma sanguíneo de los glóbulos rojos en 1,5 minutos, sin el uso de la electricidad. El Paperfuge pasó de ser un rutinario ejercicio de ciencia y diseño, a un poderoso producto DIY que pone en manos de la gente y al servicio de la humanidad una máquina de papel.

El Paperfuge es la tercera invención del Prakash Lab, que promueve lo que ellos llaman “frugal science” o “ciencia accesible”, en la que los ingenieros repiensan las herramientas médicas tradicionales para reducir costos, explotar las capacidades científicas del laboratorio y canalizar el talento de los investigadores hacia las áreas de mayor pobreza en el planeta. En 2014 publicamos aquí el proyecto Foldscope, el microscopio hecho de cartón que cuesta menos de $1. Este movimiento que pretende abaratar, acercar y popularizar el uso de determinados instrumentos de la investigación científica, principalmente aquellos asociados con la detección de enfermedades y la higiene, podría finalmente ser parte de una estrategia multidisciplinaria entre la ciencia y diseño, el Diseño Frugal.

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Este insignificante invento podría entrar en el libro Guinness World Records como “la mayor velocidad de rotación jamás registrada en un objeto impulsado por energía humana”. Como un dato curioso y posible, el médico español Isaías Armando Martínez mencionó en el artículo La centrifugadora de sangre que se inventó dos veces que esta idea la tuvo hace 30 años.

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Así se llama el juguete en otras regiones de Latinoamérica:

Argentina: zumbador, rumbador.
Brasil: zunidor,berra-boi, urra-boi, rói-rói.
Colombia: rumbador, zumbador.
Chile: run run, will will (mapudungún).
Ecuador: zun-zun.
España: zumbado.
Guatemala: run run, chajalele.
Puerto Rico: run run.
República Dominicana (Santo Domingo): run run.
Venezuela: gurrufio, furrunco, runcha.

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Información

Prakash Lab | Stanford University,
www.stanford.edu