Recuerdo en los años setenta, una tienda muy conocida en la ciudad de Caracas donde se vendían unas camisetas  con imágenes impresas que al frotarse olían a fruta. Aquí aparece el mismo principio, pero en un concepto de producto que permite colocarle el olor de la comida a una postal, a un material impreso.

Se llama Food Printer, un dispositivo que permite capturar el olor de las comidas y llevarlas a una postal. Este concepto fue desarrollado por la estudiante de diseño Zhu Jingxuan del Fashion & Art Design Institute of Donghua University en Beijing. El proyecto fue realizado en la 6ta. edición del Sony Design Workshop.

Debería funcionar de una forma muy simple: se toma la foto de la comida, al mismo tiempo que un ‘scanner’ de olor recoge y codifica su aroma para mezclarlo con tintas especiales que contiene almacenadas.

 

El concepto de impresora de alimentos de esta diseñadora ganó el premio en la categoría de “más divertido” del Taller de Diseño para estudiantes de Sony. La multinacional de productos electrónicos ha realizado esta actividad desde 2006 en universidades de China con la finalidad de fortalecer las escuelas de diseño y orientar a los nuevos diseñadores sobre tecnologías emergentes y respecto a la gran industria del diseño.

Pasar información de un medio a otro es una operación típica de la tecnología. Pero convertir esa posibilidad en objetos y productos que la gente pueda reconocer, conectarse y usar es un asunto del diseño. Algo muy curioso con esta impresora de olores es que la idea de la portabilidad de los aromas tenga una salida final en una postal, un medio totalmente recalentado pero que pareciera asegurar lo físico del mensaje.

La reproducción de aromas no ha tenido un camino tan próspero y definido como la música. Muchos han sido los intentos de masificar el fenómeno gastronómico con aparatos o al menos acercarse a la experiencia olfativa. Un fantástico caso que comenzó en la industria del cine fue el ‘Smell-O-Vision’, una técnica desarrollada por Hans Laube. “El sistema era sencillo: las butacas de los cines serían tratadas de forma individual y conectadas a un sistema de tubos. En la sala de proyecciones, un encargado del ‘Scentovision’ (como fue llamado en sus comienzos) seguiría instrucciones precisas de cómo ir dosificando cada uno de los olores mediante un panel de mandos”. Este invento apareció en la Expo Mundial de Nueva York de 1939 y luego en la célebre película ‘Scent of Mystery (El aroma del misterio)’ en 1958. Recientemente, la empresa Samsung ha estado trabajando en la idea de revivir el invento de Laube e incorporar en teléfonos y televisores dispositivos generadores de olor.

Las relaciones entre la comida y el diseño son muy estrechas y con muchas salidas: diseño de herramientas y dispositivos de preparación, asistentes de cocina, soportes digitales, etc. Desde los más tradicionales objetos utilizados en la preparación de alimentos, hasta los más sofisticados usos de la tecnología convertidos en productos.

Un buen ejemplo de eso son los conceptos desarrollados para la producción de alimentos de la gastronomía molecular que utilizan la misma idea de la impresión 3D, pero en la comida.