Lo que los diseñadores podemos aprender de la «Caja de Toques»

En el mundo del diseño, la palabra ‘funcionalidad’ suele ir de la mano con ideas de eficiencia, utilidad y resolución de problemas. Se piensa, casi automáticamente, en un diseño que cumple con una necesidad concreta, que responde a una lógica racional. Sin embargo, ¿Qué pasa cuando esas necesidades no son tan racionales? ¿Qué sucede cuando lo emocional pesa más que lo práctico?

A lo largo de mi práctica como diseñador, me he preguntado cómo podemos describir la funcionalidad desde una perspectiva más cercana a la realidad mexicana. Un contexto donde, muchas veces, las necesidades emocionales —aquellas que apelan a la identidad, al humor, a lo colectivo— parecen tener más peso que las puramente funcionales.

En el ámbito del diseño crítico, Anthony Dunne y Fiona Raby proponen una idea provocadora: que la funcionalidad también puede ser una herramienta expresiva. En lugar de resolver problemas prácticos, ciertos objetos pueden generar fricción, abrir preguntas, invitar a la imaginación y detonar reflexión social. A estos objetos los llaman post-óptimos, ya que no buscan optimizar nada, sino más bien alterar la lógica utilitaria del diseño.

Estos artefactos habitan museos, galerías y entornos académicos, más que la vida cotidiana.

Pero, curiosamente, en México existe un objeto que cumple con todas esas características y que, sin embargo, vive y respira en las calles: la Caja de Toques.

Si alguna vez has visitado una cantina entrada la noche, seguramente has visto aparecer a los Toques-Toques: personajes que, por unas monedas, ofrecen una experiencia tan absurda como irresistible. Con una pequeña caja de plástico —la famosa Caja de Toques (Mexican Electric Shock Machine Box)— conectan a un grupo de amigos mediante electrodos que, al cerrar el circuito con las manos, reciben una descarga eléctrica de intensidad creciente. Aunque inofensiva, la descarga es lo suficientemente incómoda como para provocar gritos, risas y burlas entre el grupo.

La caja puede variar de 20V a 110V, y si alguien suelta la mano, el circuito se rompe. El juego termina entre carcajadas y un sentido de camaradería que no podría haberse generado de otra manera.

Pocos productos pueden considerarse tan ‘mexicanos’ como la Caja de Toques. A pesar de su presencia actual en bares y cantinas, su origen es educativo. Fue diseñada en los años 70 como parte de un kit de aprendizaje para las escuelas técnicas en México, con el fin de enseñar principios básicos de electrónica. Sin embargo, su uso ha sido apropiado culturalmente hasta convertirse en un ritual social afectivo.

Lo interesante de este objeto no es solo su historia, sino lo que representa. La Caja de Toques no responde a una necesidad práctica convencional, sino a una necesidad profundamente emocional y cultural: la del relajo.

Jorge Portilla, en su ensayo Fenomenología del Relajo, describe cómo el relajo en México funciona como una válvula de escape frente a la rigidez social. Es un espacio donde se suspende momentáneamente la norma, donde se relativiza la seriedad, y donde risa, burla e ironía construyen una comunidad momentánea.

La Caja de Toques genera exactamente eso. No sirve ‘para nada’ en el sentido tradicional, pero lo hace todo en términos afectivos: crea un vínculo entre desconocidos, rompe tensiones, y sobre todo, nos recuerda que hay otras formas de funcionalidad que no se pueden medir con voltios o ergonomía.

Este tipo de objetos nos invita a pensar en lo que podríamos llamar una funcionalidad afectiva: aquella que no solo satisface necesidades, sino que reconoce lo visceral, lo lúdico, lo ritualístico. Un nivel de diseño que se manifiesta en lo conductual y lo reflexivo, más que en lo puramente práctico.

Como diseñadores en América Latina, tenemos mucho que aprender de estos objetos. La Caja de Toques nos recuerda que no todo diseño debe resolver un problema técnico. A veces, su valor radica en conectar con lo simbólico, lo emocional o lo cultural.

Quizá, en lugar de buscar soluciones eficientes, necesitamos observar con más atención los artefactos que nos hacen reír, sufrir un poco, y sobre todo, sentirnos parte de algo.

¿Conoces algún otro objeto que, como la Caja de Toques, satisfaga una necesidad más cercana a nuestra cultura?

Referencias

Dunne, Anthony, and Fiona Raby. Design Noir: The Secret Life of Electronic Objects. Basel: Birkhäuser, 2001.

Dunne, Anthony, and Fiona Raby. Speculative Everything: Design, Fiction, and Social Dreaming. Cambridge, MA: MIT Press, 2013.

Portilla, Jorge. 1966. Fenomenología del relajo, y otros ensayos. México: Ediciones Era. Reimpreso por Fondo de Cultura Económica, 1984.

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