Carritos de supermercado: del juego infantil al algoritmo

¿Quién no recuerda, de niño, la experiencia de ir sentado en un carrito del supermercado? Para muchos, esa primera vivencia no fue la compra de alimentos, sino el viaje de espaldas atrapado entre una barra y una cesta metálica, mientras nuestros padres nos empujaban entre pasillos interminables. Ese gesto, mezcla de juego y ritual familiar, ocurría con uno de esos artefactos prácticos que se mimetizan con la cotidianidad, pero que al mismo tiempo revelan los significados y la historia de aquello que nos rodea, de las cosas que tocamos.
Del ingenio a la expansión
El 4 de junio de 1937, en Oklahoma City, Sylvan Goldman (1898–1984), empresario e inventor estadounidense y propietario de la cadena de supermercados Humpty Dumpty, presentó el primer carrito de supermercado. Su preocupación era clara: los clientes dejaban de comprar cuando sus cestas se llenaban y resultaban demasiado pesadas. Inspirado en una silla plegable, Goldman construyó un prototipo formado por una estructura tubular con ruedas que soportaba una cesta metálica removible. El diseño fue desarrollado junto con Fred Young, mecánico, y Arthur Kosted, ingeniero, quienes trabajaron en la resolución técnica del sistema. Poco después lo registró en la patente Folding Basket Carriage for Self-Service Stores (1938), que buscaba ampliar la capacidad de carga en las tiendas de autoservicio, un modelo de comercio que apenas comenzaba a consolidarse en Estados Unidos.

El invento, sin embargo, no fue aceptado de inmediato. Muchas mujeres lo asociaban con los cochecitos de bebé, mientras que algunos hombres lo rechazaban por considerarlo poco masculino. Para revertir esta percepción, Goldman contrató promotores que paseaban carritos por la tienda para mostrar su utilidad. Con el tiempo, la aceptación fue creciendo, y en 1946 Orla Watson (1902–1990), inventor estadounidense, desarrolló el modelo telescópico y apilable, patentado como Nestable Cart, que permitía guardar los carritos unos dentro de otros. Este avance resolvía un problema logístico fundamental: almacenar grandes cantidades de carritos en los estacionamientos de los supermercados.

La innovación se expandió rápidamente gracias a la producción masiva. En la década de 1950, compañías como Folding Carrier Co. y Watson Manufacturing fabricaban miles de unidades al año, impulsando la estandarización del carrito en el comercio minorista. El desarrollo de procesos industriales como el doblado de tubos de acero, el cromado y, más adelante, la inyección de plásticos resistentes permitió producir carritos duraderos a bajo costo, que hoy forman parte del paisaje habitual de cualquier supermercado. En el Reino Unido estos carritos se conocen como trolleys, en referencia directa al carro de tranvía (trolley car), ya que ambos comparten la misma idea de un vehículo guiado y con ruedas.
Más que una cesta con ruedas
Con el paso de las décadas, el carrito fue sumando funciones y usos inesperados. El pequeño asiento plegable para niños lo transformó en un híbrido entre contenedor y cochecito, integrando al acto de comprar la presencia del hogar y el cuidado. La barra de dirección se volvió una superficie disponible para soportes improvisados: portabebidas, porta-listas o simples ganchos, extendiendo el carrito más allá de su función original. Con la llegada de lo digital, esa misma barra sirvió de base para acoplar dispositivos electrónicos: escáneres de códigos de barras, pantallas con información nutricional, sistemas de autopago o tablets con promociones en tiempo real.
Incluso los materiales de la cesta han sido terreno de exploración en el diseño industrial. Un ejemplo es el Carro Autoservicio (1995), diseñado por Ramón Benedito, diseñador industrial catalán, para Policad. En este caso, la tradicional estructura metálica fue sustituida por un cuerpo de plástico moldeado, ligero y resistente, que ensayaba otra manera de entender la tipología clásica.

Un dispositivo para consumir más
Los supermercados entendieron muy pronto que el carrito no era solo una herramienta logística: se convirtió en una estrategia de consumo. Al permitir transportar más productos, estimulaba la compra masiva y acompañaba la expansión de las grandes cadenas de autoservicio. El carrito, en definitiva, fue tan decisivo para el negocio como las góndolas o los empaques llamativos, y acabó por convertirse en un símbolo silencioso de la cultura del consumo moderno.
No es casual que, así como la papelera se convirtió en el ícono del escritorio digital en los años ochenta —una metáfora creada en 1984 por el equipo de Apple para la Macintosh, inspirada en la interfaz gráfica del Xerox PARC—, el carrito de supermercado haya pasado a ocupar un lugar central como símbolo universal de la compra en línea. Desde los años noventa, con el crecimiento del e-commerce impulsado por empresas pioneras como Amazon y eBay, el carrito se trasladó del pasillo físico al espacio digital, manteniendo intacta su función simbólica: acumular y organizar los productos elegidos. Ese pequeño ícono, presente en millones de pantallas, confirma cómo un objeto nacido en la cultura del autoservicio se transformó en emblema de la economía digital.

De la cesta al algoritmo
Del ingenio de Goldman en los años treinta a las visiones futuristas del comercio actual, el carrito de supermercado se ha mantenido como un escenario privilegiado para la innovación. Hoy, proyectos que integran sensores, visión artificial y algoritmos de inteligencia artificial transforman la experiencia de compra en algo cada vez más autónomo y personalizado. Robots que escanean estanterías, sistemas de autopago invisibles y carritos capaces de reconocer productos sin intervención humana continúan expandiendo el alcance de aquel objeto aparentemente simple. En esta transición, el carrito ya no es solo un contenedor de bienes, sino un dispositivo que refleja —y anticipa— los cambios en nuestras formas de consumo y en la relación cotidiana entre humanos, máquinas e inteligencia artificial.

Del meme del Shopping Cart Theory, que lo presenta como prueba moral de responsabilidad cívica, o documentales como Carts of Darkness de Murray Siple, donde personas sin hogar en Vancouver transforman el carrito en vehículo de velocidad y resistencia, hasta innumerables escenas de cine y cultura pop, este objeto aparece en distintos registros de la vida contemporánea.
El carrito se ha convertido en un símbolo visual inmediato de consumo masivo, capaz de habitar con la misma fuerza el pasillo de un supermercado, la pantalla digital y la memoria colectiva.
Referencias
Grandjean, Etienne. Fitting the Task to the Man: An Ergonomic Approach. London: Taylor & Francis, 1980.
Miller, Daniel. A Theory of Shopping. Cambridge: Polity Press, 1998.
Simbe Robotics. “Tally: Autonomous Shelf-Scanning Robot.” Accessed September 2025. https://www.simberobotics.com/tally
“Amazon Go: Just Walk Out Shopping.” Amazon, 2018. https://www.amazon.com/go













