Morrama Lab x Carbon Cell: materiales que capturan carbono

Objetos que cuentan la historia del carbono: una luminaria, una maceta y un pequeño contenedor, todos hechos con biochar, el material que captura lo invisible. (imagen: Morrama Lab / Carbon Cell)

A lo largo de la historia industrial, los procesos que sostienen nuestra vida moderna —la generación de energía, el transporte, la producción agrícola e industrial— son también los mayores responsables de las emisiones globales de CO₂. Más del 80 % de esas emisiones proviene de la quema de combustibles fósiles para producir electricidad, mover vehículos y fabricar bienes. En ese amplio panorama, los materiales juegan un papel crucial: el cemento y el concreto, por ejemplo, representan cerca del 8 % de las emisiones totales, una cifra enorme para un solo material.

En los últimos años han surgido nuevas estrategias que no solo buscan reducir esas emisiones, sino invertir el ciclo del carbono. Entre ellas destaca el biochar, carbón vegetal, un material que fija el carbono en lugar de liberarlo y que inspira la búsqueda de materiales regenerativos. Uno de los ejemplos más representativos de esta tendencia, cuyo origen se remonta a prácticas ancestrales de fertilización del suelo en la Amazonía precolombina. En esas culturas se generaban suelos negros ricos en carbono —conocidos como terra preta— mediante la combustión controlada de restos vegetales. Hoy, el mismo principio se traduce en una tecnología moderna de secuestro de carbono, con aplicaciones que van desde la agricultura regenerativa hasta la producción de materiales de alto rendimiento.

Aunque pocas personas lo saben, el biochar está más cerca de lo cotidiano de lo que parece: se usa en sustratos para plantas, filtros de agua, cosméticos e incluso en la purificación del aire. Su potencial reside en algo invisible: en su capacidad para fijar carbono de manera estable durante siglos.

Biochar: residuo vegetal transformado en material estable de carbono. (imagen: Carbon Cell)

En los últimos años, el interés por este tipo de materiales sostenibles ha transformado la práctica del diseño industrial. Sin embargo, junto al entusiasmo por sustituir materiales fósiles, ha surgido una paradoja: muchos proyectos se concentran en crear el propio material, mientras que las aplicaciones concretas quedan en segundo plano. Nuevamente la narrativa de la ciencia arropando el diseño.

Lo vemos con frecuencia en los estudios de posgrado en diseño, donde investigadores provenientes de la biología, la química o la ingeniería se acercan al diseño atraídos por la materialidad, pero a menudo el proceso se detiene en el laboratorio. El verdadero desafío está en trasladar esas exploraciones al terreno de los objetos, en construir el puente entre la tecnología y la experiencia cotidiana, entre la eficiencia técnica y la belleza. Esa transición —del material al producto— es la que define el valor del diseño industrial contemporáneo.

Pero el biochar no es el único camino. Surgen también propuestas como el “cemento biológico” desarrollado por Mary Lempres, bióloga y diseñadora formada en el MID de Pratt, quien en su tesis Reef Rockets (2024) exploró un compuesto a base de conchas de ostras para la restauración de ecosistemas costeros y la regeneración de hábitats marinos. Estos enfoques —desde la captura del carbono atmosférico hasta la reparación de entornos naturales— abren un territorio donde la ciencia y el diseño convergen en la construcción de materiales que devuelven algo al planeta.

En di-conexiones hemos seguido de cerca proyectos que buscan ese equilibrio con materiales. Desde las experiencias de Heidi Jalkh en Argentina, explorando materiales biobasados con enfoque educativo, hasta las investigaciones de Garrett Benisch, exalumno del MID de Pratt, que con su empresa OurCarbon transforma residuos orgánicos en pigmentos de carbono negativo. En todos los casos, la pregunta es la misma: ¿cómo puede el diseño dar sentido y forma a una materia que se comporta de manera diferente a lo conocido?

El valor de lo invisible

Entre la ciencia y la experiencia cotidiana, el diseño actúa como traductor: convierte la abstracción del laboratorio en historias materiales que podemos tocar, usar y comprender.

En ese contexto surge el trabajo de Morrama Lab, un estudio británico dedicado a experimentar con materiales emergentes antes de que lleguen a la producción masiva. Su colaboración con la empresa Carbon Cell parte de una intención precisa: redefinir el valor de los materiales a partir de su impacto ambiental.

Carbon Cell produce una espuma ligera fabricada con biochar, un material que se origina en los residuos agrícolas. Como explican sus creadores: «El biochar comienza como desecho agrícola, que se procesa en un ambiente con bajo oxígeno. En ese proceso, todo el carbono que contiene queda fijado, en lugar de volver a liberarse como dióxido de carbono o metano».

El resultado es un material con balance de carbono negativo, es decir, capaz de capturar más CO₂ del que genera durante su ciclo de vida. Carbon Cell estima que la producción a gran escala de este tipo de materiales podría evitar que 199 millones de toneladas de CO₂ equivalente lleguen a la atmósfera cada año.

Pero el propósito de Morrama Lab no era diseñar un producto comercial. La meta era diferente: ayudar a las personas a comprender lo que este material representa y cómo podría integrarse en la vida cotidiana. El estudio desarrolló tres piezas que denomina product stories —historias materiales narradas a través de objetos familiares—. Cada una traduce una cualidad técnica en una experiencia tangible.

Una caja de joyas que contrapone el lujo del diamante con el valor invisible de un material que retiene carbono.

Una maceta compostable, duradera y biodegradable, que ofrece una alternativa a las millones de macetas plásticas que se desechan cada día.

Y una luminaria que se arma a partir de su propio empaque, mostrando cómo la eficiencia puede transformarse en una nueva estética.

Estas tres historias no son ejercicios de forma, sino capítulos de una narrativa mayor: la del ciclo vital del material, que va del cuestionamiento del valor a la captura del carbono y finalmente a la regeneración del suelo. Aunque buscan crear consciencia, la forma sigue siendo el vehículo de la materialidad y el compromiso con la belleza permanece en el centro del diseño.

El proyecto fue presentado por primera vez durante el London Design Festival 2025, en septiembre pasado, y posteriormente como parte del SECRID Talent Podium en la Dutch Design Week 2025, confirmando la intención del estudio de abrir un diálogo entre diseño, ciencia y cultura material.

El trabajo de Morrama Lab propone una reflexión que trasciende la innovación técnica. Nos recuerda que los materiales, por sí solos, no cambian el mundo; lo hacen las aplicaciones que logran escalar, emocionar y transformar hábitos. Al colocar el diseño en diálogo con la ciencia, estos experimentos permiten imaginar una nueva cultura material, donde los objetos no solo consumen recursos, sino que devuelven algo al planeta.

El carbono como memoria del tiempo

En el corazón del biochar hay una paradoja poética: el carbono —elemento que también da origen al plástico y se ha convertido en símbolo de contaminación y crisis— se transforma aquí en materia de cuidado. Al fijarlo dentro de los objetos, el diseño convierte lo invisible en permanencia y transforma la huella en memoria. Quizás ahí resida la verdadera belleza de los materiales del futuro: no en lo que muestran, sino en lo que silenciosamente reparan.

Uno de los grandes retos del diseño está precisamente ahí: descubrir la belleza en los materiales que hasta ahora han sido ignorados o considerados feos, aquellos que no han ocupado las vitrinas ni las propuestas de la discusión estética. El plástico reciclado, los residuos industriales o las materias del upcycling nos recuerdan que la belleza no siempre nace de la pureza, sino de la transformación e implica incorporar al discurso estético aquello que antes se consideraba desecho.

Proyecto: Morrama Lab x Carbon Cell
Equipo: Ben Melvin, Guy Naor, Lucy Williams, Jo Barnard
Exhibido en: London Design Festival 2025 y SECRID Talent Podium, Dutch Design Week 2025
Imágenes: Morrama Lab / Carbon Cell

Información

Morrama Lab
www.morrama.com

Carbon Cell
www.carboncell.co

Referencias

Andrew, Robbie M. “Global CO₂ Emissions from Cement Production, 1928–2018.” Earth System Science Data 11, no. 4 (2019): 1675–1710.

Lehmann, Johannes, y Stephen Joseph, eds. Biochar for Environmental Management: Science, Technology and Implementation. 3rd ed. London: Routledge, 2021.

Myers, William, ed. Bio Design: Nature + Science + Creativity. New York: Museum of Modern Art, 2012.

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