Tenji Blocks: cuando el suelo se convierte en información

Los Tenji Blocks transforman el suelo en un sistema de información táctil que permite orientar y advertir a personas con discapacidad visual mediante relieves geométricos estandarizados. (imagen: Remo Since 1988)

La mayoría de las personas camina sobre ellos sin pensar demasiado. Están presentes en estaciones de tren, cruces peatonales, andenes de metro y edificios públicos de numerosas ciudades del mundo. Son amarillos, tienen relieves geométricos y aparecen como franjas o superficies texturizadas que interrumpen el pavimento. Para mucha gente son apenas una textura urbana más. Para millones de personas con discapacidad visual constituyen una herramienta de orientación tan importante como un mapa, una señal o una pantalla.

Los Tenji Blocks fueron desarrollados en Japón por el ingeniero e inventor Seiichi Miyake (1926–1982) en 1965. Inspirado por la experiencia de un amigo que comenzaba a perder la visión, Miyake financió personalmente el desarrollo de un sistema capaz de transmitir orientación y advertencias a través del tacto. Dos años más tarde, en 1967, los primeros bloques fueron instalados cerca de la Escuela para Personas Ciegas de Okayama (Okayama School for the Blind), una institución fundada en 1901. Lo que comenzó como una solución local terminaría convirtiéndose en uno de los sistemas de accesibilidad más difundidos del mundo.

Los Tenji Blocks no son simplemente una superficie rugosa. Son un lenguaje. Las líneas longitudinales indican dirección y continuidad. Los domos o puntos elevados advierten sobre peligros, cambios de recorrido, escaleras, cruces o la proximidad de un andén. A través de una combinación relativamente simple de formas geométricas, el suelo se transforma en una interfaz capaz de comunicar información espacial.

En España suelen conocerse como pavimentos podotáctiles, un término particularmente preciso porque describe exactamente su funcionamiento: información que se transmite mediante el contacto entre los pies y el suelo. En cierto sentido, los Tenji Blocks permiten leer la ciudad con los pies.

Incorporados al sistema de transporte de Nueva York a partir de la década de 1990, los Tenji Blocks ayudan a identificar bordes de andén, recorridos y zonas de riesgo mediante información táctil integrada en el pavimento. (imagen: The New York Times)

Cuando el suelo habla

La historia del diseño de información ha estado dominada por la visión. Señales, mapas, diagramas, pantallas e interfaces dependen principalmente de nuestra capacidad para interpretar imágenes y símbolos gráficos. Los Tenji Blocks proponen una lógica diferente. La información puede transmitirse también mediante texturas, relieves y vibraciones. La ciudad comienza a hablar a través de los pies, del bastón y de la percepción corporal.

Esta idea puede parecer sencilla, pero implica una transformación profunda en la manera de entender el espacio público. La orientación deja de depender exclusivamente de la vista y pasa a integrarse en la experiencia física del desplazamiento.

Quizás por eso los Tenji Blocks representan uno de los ejemplos más exitosos de diseño universal desarrollados durante el siglo XX. No se trata únicamente de facilitar la movilidad de las personas con discapacidad visual. También plantean una manera distinta de comprender cómo los objetos, los materiales y las superficies pueden comunicar información.

La elección del color amarillo responde a la misma lógica. Más que una decisión estética, funciona como una capa adicional de información. Su alta visibilidad facilita la identificación de recorridos, bordes y cambios de nivel para personas con visión parcial, adultos mayores y personas con distintos grados de percepción cromática.

El amarillo ocupa además una posición singular dentro del espectro visible. Su longitud de onda estimula simultáneamente los receptores asociados al rojo y al verde, generando una percepción especialmente intensa. Por esa razón se convirtió en uno de los colores más utilizados para comunicar advertencia, seguridad y atención en sistemas industriales, señalización vial, equipamiento urbano e incluso en símbolos asociados al riesgo radiológico. En cierto modo, los Tenji Blocks combinan dos sistemas de comunicación simultáneos: el tacto para quienes no pueden ver y el color para quienes aún conservan distintos grados de visión.

Pocas veces un sistema de diseño universal ha integrado de manera tan eficaz forma, textura y color dentro de una misma solución.

Instalados por primera vez en Japón en 1967, los Tenji Blocks utilizan barras longitudinales para indicar dirección y superficies con domos elevados para advertir cambios o peligros en el recorrido. (imagen: Archinect)

Leer la ciudad con los pies

Los Tenji Blocks pertenecen a una larga tradición de sistemas que convierten información abstracta en experiencia física. El Braille es probablemente el ejemplo más conocido. Aunque las tecnologías digitales han ampliado enormemente las posibilidades de acceso a la información mediante el sonido, el sistema desarrollado por Louis Braille continúa siendo una referencia fundamental para la lectura y escritura táctil. Las marcas en las teclas de un teclado, las estrías de una moneda, los mapas táctiles o los relieves utilizados en equipos industriales responden a una pregunta similar: ¿cómo puede un objeto comunicar información sin depender de la vista?

La idea de representar información espacial mediante el tacto es mucho más antigua de lo que solemos imaginar. Entre los ejemplos más fascinantes se encuentran los mapas tallados por comunidades Inuit del Ártico canadiense y Groenlandia. Elaborados en madera o hueso, estos objetos permitían representar líneas costeras, accidentes geográficos y rutas de navegación que podían interpretarse con las manos incluso en condiciones de baja visibilidad. Los Tenji Blocks trasladan una lógica similar al espacio urbano contemporáneo: convertir el territorio en una superficie legible a través del cuerpo. En ambos casos, la información se construye a través del tacto.

No es casual. La piel constituye el órgano sensorial más extenso del cuerpo humano y posee una extraordinaria capacidad para percibir presión, textura, temperatura y vibración. Mucho antes de las interfaces digitales, las personas ya interpretaban el mundo mediante estas señales físicas.

Desde la revolución digital, numerosas aplicaciones y dispositivos han explorado nuevas formas de movilidad asistida para personas con discapacidad visual. Sistemas de navegación GPS, teléfonos inteligentes, sensores de proximidad, cámaras, asistentes auditivos y herramientas basadas en inteligencia artificial han ampliado significativamente las posibilidades de orientación y desplazamiento.

Sin embargo, muchas de estas tecnologías continúan recurriendo al tacto como uno de sus principales canales de comunicación. Un ejemplo reciente es Wayband, desarrollado por la empresa Haptic, fundada por exalumnos de Pratt Institute. A través de vibraciones localizadas en la muñeca, el dispositivo permite orientar a las personas sin necesidad de instrucciones visuales o sonoras constantes.

Más recientemente, sistemas como NaviLens han comenzado a complementar el lenguaje táctil mediante información sonora. Utilizando marcadores visuales legibles por teléfonos inteligentes y sistemas de ‘sonificación’ tridimensional, estas herramientas permiten conocer dirección, distancia y orientación sin necesidad de auriculares. De algún modo, continúan ampliando una misma idea iniciada por Seiichi Miyake en los años sesenta: traducir el espacio urbano a lenguajes que no dependan exclusivamente de la visión.

Aunque las tecnologías son distintas, el principio resulta sorprendentemente parecido. Los mapas Inuit, los Tenji Blocks, Wayband y NaviLens forman parte de una misma búsqueda: transformar información espacial en experiencias que puedan ser interpretadas por el cuerpo.

La diferencia es que algunos sistemas se leen con las manos, otros con los pies, otros mediante vibraciones y otros a través del sonido.

Más de medio siglo después de su invención, los sistemas de pavimento táctil continúan expandiéndose en ciudades de todo el mundo como parte de estrategias de accesibilidad y diseño universal. (imagen: Tactiles.ae)

Más de medio siglo después de su invención, los bloques diseñados por Seiichi Miyake siguen formando parte de la infraestructura cotidiana de ciudades de todo el mundo. Su éxito demuestra que algunas de las innovaciones más importantes no siempre dependen de algoritmos complejos o tecnologías sofisticadas. A veces consisten simplemente en descubrir nuevas maneras de comunicar información.

Durante siglos aprendimos a leer con los ojos. Los Tenji Blocks nos recuerdan que también es posible leer una ciudad con el cuerpo. Y quizás también sugieren una pregunta para el futuro. Si el tacto y el sonido han demostrado ser herramientas eficaces para la orientación espacial, ¿qué otras formas de información podrían construirse a través del olfato, el gusto o sentidos que todavía permanecen poco explorados por el diseño?

Información

Tenji Block / Navilens
www.tenjiblocks.com

NaviLens
www.navilens.com

También te puede interesar:

Descubre más en di-conexiones

Suscríbete ahora para seguir leyendo y acceder al archivo completo.

Continua leyendo