Urnas Guaira: objetos de memoria, oficio y dignidad

En situaciones de emergencia, los objetos aparecen de otra manera. No llegan siempre como productos terminados ni como soluciones cerradas, sino como respuestas concretas ante una necesidad urgente. A veces nacen de lo disponible, de un taller, unas manos, una materia cercana, una decisión tomada en común y la voluntad de acompañar a quienes atraviesan una pérdida.

Urnas Guaira surge en Caracas después del terremoto que afectó a Venezuela, en un contexto de duelo, búsqueda y fragilidad emocional. El proyecto consiste en el desarrollo, fabricación artesanal y donación de urnas crematorias en madera para familias que perdieron a sus niños en la tragedia. Hasta el momento, el equipo ha entregado 15 urnas en la morgue de Los Silos de La Guaira, con apoyo del personal crematorio de El Junquito y SENAMECF.

La respuesta desde el oficio

El proyecto es dirigido por Robinson Moreno, artista gráfico egresado de UNEARTE, carpintero y director de animación y comunicación visual de ENGRAPO. Junto a él trabaja un grupo interdisciplinario de arquitectos, artistas, biólogos, escultores, fotógrafos, activistas y personas vinculadas a distintas áreas creativas.

En el desarrollo de las piezas participan Daniela Martínez, arquitecta egresada de la USB; Argenis Suárez, arquitecto egresado de la UCV y con maestría en planificación y diseño urbano en el IAAC; Roxana Jiménez, arquitecta egresada de la UCV; Cacica Honta, artista multidisciplinaria, fotógrafa y activista social; Valentina Hernández, egresada de la Escuela de Artes Visuales Cristóbal Rojas y estudiante de Biología en la UCV; y el propio Robinson Moreno.

Al indagar un poco más sobre el proyecto, preguntamos a Robinson si había diseñadores industriales participando directamente. Su respuesta fue clara: «No hay diseñadores industriales, pero tenemos un grupo diverso en áreas creativas». Esa precisión permite situar Urnas Guaira en el cruce entre oficio, cultura material, fabricación local, objeto simbólico y respuesta comunitaria.

En ese sentido, el proyecto recuerda que muchas veces los objetos más necesarios no nacen dentro de las categorías profesionales del diseño, sino en territorios donde distintas formas de saber se encuentran para responder a una situación concreta. La carpintería, el torno, la arquitectura, las artes visuales, la fotografía y el trabajo voluntario se articulan aquí en torno a una pregunta difícil sobre cómo construir, desde el oficio, un objeto capaz de acompañar una despedida.

La relación entre artesanía y diseño ha sido discutida en di-conexiones en otras ocasiones. En su texto Artesanía + Diseño: ¿La artesanía necesita del diseño?, Juan Carlos Ortíz señalaba la importancia de evitar relaciones desiguales donde el diseño define y el oficio solamente ejecuta. En Urnas Guaira, el proceso parece construirse desde otra lógica, donde pensar la forma, trabajar la madera, aprender en el torno, ajustar cada pieza a la veta, fabricar con lo disponible y responder a una necesidad humana inmediata forman parte de una misma práctica colectiva.

La anatomía de la urna

El taller está ubicado en Prados de María, El Cementerio, parroquia Santa Rosalía, en Caracas. Allí se seleccionan maderas nativas caídas, como caoba y samán, previamente recolectadas en la ciudad y ya secas en el taller. También se utilizan sobrantes de cedro y saqui-saqui. La materia no es un detalle secundario, porque proviene de árboles caídos y de restos disponibles que se transforman en contenedores de memoria.

Las piezas tienen una altura variable, entre 16 y 25 centímetros. Su escala responde a una función dolorosamente específica, pero su lenguaje formal evita la literalidad. Las urnas se organizan como una familia de volúmenes orgánicos, con formas suaves que evocan el vientre materno, la semilla y el abrazo. Algunas incorporan un patrón recurrente de tres hileras horizontales en el cuerpo o en la tapa, generando una continuidad visual entre piezas distintas.

El proceso combina torneado manual, vaciado con corte transversal, ensamblaje y sellado con aceites naturales. En algunas piezas, la superficie fue intervenida con fuego mediante la técnica japonesa Shou Sugi Ban, que oscurece la madera y aporta contraste, textura y una condición más táctil. Cada urna parece responder a una negociación entre forma, veta, densidad y oficio.

El equipo describe el proceso como un aprendizaje haciendo, un co-diseño continuo entre voluntarios donde cada decisión se adapta a las particularidades de la madera. No se trata de reproducir un modelo idéntico, sino de construir una familia de objetos relacionados por una misma intención material y simbólica. Cada pieza conserva algo de su origen, desde la madera caída y el tiempo del taller hasta la mano que tornea, la marca del fuego, el vacío interior y la forma de cierre.

Memoria, duelo y continuidad

En este proyecto, la urna aparece como un recipiente simbólico y como un objeto de tránsito entre el dolor y la despedida, entre la ausencia y la memoria. Su forma protectora intenta ofrecer un espacio íntimo y digno para aquello que no puede ser reparado. En un momento marcado por la pérdida, el gesto de fabricar una urna en madera —con tiempo, cuidado y oficio— introduce otra escala de atención frente a la urgencia.

Más allá de la emergencia, el equipo reconoce que la misma lógica de torneado, ensamblaje y trabajo con madera recuperada podría abrir camino a otros objetos de memoria, desde contenedores para recuerdos y cápsulas conmemorativas hasta cofres de duelo perinatal o piezas simbólicas para quienes no tienen un cuerpo que enterrar. También imaginan que este sistema de conocimiento y producción pueda dar lugar a objetos únicos para niños y niñas en refugios, utilizando madera de árboles caídos como materia para artefactos de exploración cognitiva y contención emocional.

Urnas Guaira permite pensar cómo un objeto puede surgir en medio de la fragilidad sin convertirse en espectáculo de la tragedia. También abre una pregunta difícil sobre el lugar de la belleza en una situación de emergencia. No una belleza decorativa ni distante del dolor, sino una forma de cuidado material que intenta dar dignidad, presencia y contención a la memoria.

Con este proyecto no se repara la pérdida, pero se propone un lugar material para el duelo, la memoria y el afecto.

Información del proyecto

Dirección
Robinson Moreno

Diseño y Desarrollo
Daniela Martínez, Robinson Moreno, Argenis Suárez, Roxana Jiménez, Valentina Hernández y Cacica Honta

Logística y fabricación
Alfredo Lara, Crismar Chaparro, “Yayo” Zambrano, Irina Hasduar, Robinson Moreno, Alfonsina Reiter, Daniela Martínez, Thiany González, Miguel Contreras, Carlos Gabriel, Argenis Suárez, Roxana Jiménez, Valentina Hernández y Cacica Honta

Fotografía de piezas
Dikó Cañas

Registro de taller, bocetos y proceso
Cacica Honta

Fotografía de contexto exterior La Guaira
Robinson Moreno

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