Plegar para usar, plegar para olvidar: la afeitadora de Giorgio Berretti y los pliegues del diseño cotidiano

Maquinillas de afeitar plegables desechables, 1975. Disposable Foldable Razors. Giorgio Berretti. (imagen: MoMA)

La historia del diseño industrial está llena de objetos silenciosos pero reveladores. Objetos que acompañan nuestras costumbres y encarnan —en su forma, uso y materialidad— las transformaciones tecnológicas de su tiempo. La idea de afeitadoras portátiles o desechables tiene raíces más profundas de lo que parece. En 1762, el francés Jean-Jacques Perret introdujo una navaja con guarda de madera: una primera intención de seguridad al afeitarse. En 1847, William Samuel Henson patentó la «navaja de seguridad en T», una versión temprana del concepto moderno. Sin embargo, el verdadero impulso al uso de cuchillas desechables llegó con el empresario estadounidense King Camp Gillette (1855–1932).

En 1901–1904, Gillette patentó una navaja de doble filo con hojas reemplazables, ofreciendo un nuevo modelo de consumo: comprar la afeitadora y después solo las cuchillas. Su éxito fue tal que la convirtió en un estándar durante la Primera Guerra Mundial, con 32 millones de hojas distribuidas entre soldados. En la década de 1970, marcas como Wilkinson y Bic llevaron este concepto un paso más allá: introdujeron afeitadoras donde todo el dispositivo era desechable, no solo las cuchillas. Y así, lo que comenzó como hojas reemplazables se transformó en objetos efímeros concebidos para sustituir a una versión anterior más durable.

Es en este contexto epistémico de pliegues funcionales y obsolescencia natural donde aparece, en 1975, la afeitadora íntima y plegable del diseñador italiano Giorgio Berretti.

A mediados de la década de los ochenta, me alojé por unos días en un pequeño hotel en el centro de Curitiba, en el estado de Paraná, Brasil. Sin saber que años más tarde trabajaría en ese mismo país en el Laboratorio Brasileiro de Design Industrial, en Florianópolis. Allí tuve un primer encuentro con un objeto que me acompañaría en la memoria. Entre los artículos de cortesía del baño, encontré una afeitadora plegable, liviana, ingeniosa, compacta, casi juguetona. Su diseño me pareció singular: una solución simple y eficaz que conjugaba portabilidad, protección y economía formal. Fue una de esas piezas que permanecen como ejemplo del cruce entre diseño funcional y resoluciones inteligentes para lo cotidiano.

En di-conexiones, hemos abordado la fascinación por los objetos plegables en varias ocasiones. Desde propuestas como la corneta Flym (2013), pensada para amplificar sonido de forma portátil y sin electrónica, hasta la cuchara Polygons (2016), basada en geometrías variables para adaptar su función. También hemos explorado diseños inspirados en el origami y sistemas como el Patrón Kresling (1994), que muestran cómo las superficies articuladas pueden multiplicar funciones y reducir volumen en objetos cotidianos.

Corneta Flym, 2013. Design Affairs. / Cuchara Polygons, 2016. Rahul Agarwal. / Patrón Kresling, 1994. Biruta Kresling.

Desplegar la memoria del objeto

El mecanismo de la afeitadora de Berreti es tan directo como sofisticado. Se compone de tres partes plásticas articuladas como un pequeño cuaderno: dos laterales que enmarcan la cuchilla y una tercera que cierra el conjunto. Al plegarse, el objeto transforma su silueta alargada en un volumen cuadrado, delgado y compacto, de poco más de 4 cm por lado, que concentra toda su función en una forma mínima y protege completamente la cuchilla en su interior. Su estructura protege la hoja de acero inoxidable y elimina la necesidad de repuestos o mecanismos complejos. Está fabricada enteramente en polipropileno moldeado por inyección, lo que permitió una producción masiva a bajo costo y con alta precisión técnica.

Este tipo de soluciones encapsula una lógica de diseño basada en el uso único y el aprovechamiento eficiente del gesto mecánico. El pliegue no es aquí una decisión formal, sino una respuesta integral a la necesidad de portabilidad, protección e higiene.

El diseñador y la industria

Según el MoMA, el autor de esta afeitadora plegable de 1975 es Giorgio Berretti (1941), cuyo nombre figura en la ficha de colección y en diversas exposiciones, como Humble Pieces (2004). La patente AU 4380485 A, que describe una unidad modular de afeitado fabricada por Elberle Italiana, refuerza su autoría como diseñador industrial del objeto. Por su parte, Athos Bergamaschi (1935) aparece vinculado históricamente al producto por su rol como cofundador de Elberel Italiana —posteriormente Coswell—, empresa que comenzó la producción en 1977. Su mención en algunas fuentes probablemente responde a este rol empresarial, más que a una participación directa en la concepción formal del objeto.

Una cultura del plástico, una urgencia del presente

La afeitadora de Berretti no es solo un producto plegable: es también testimonio de una época marcada por el entusiasmo por los polímeros sintéticos. Una era en la que el plástico representaba futuro, higiene, bajo costo y producción masiva. Hoy, ese mismo material nos confronta con desafíos medioambientales urgentes, especialmente en lo que respecta a los productos de un solo uso. Iniciativas como el proyecto La Caja Verde, que propone alternativas para reciclar objetos de aseo personal en hoteles, son un recordatorio de la necesidad de repensar estos diseños bajo una nueva ética de sostenibilidad.

En este sentido, el impacto contemporáneo de esta afeitadora es doble. Por un lado, se la puede leer como un objeto histórico que resume un momento de innovación funcional; por otro, como un símbolo de una lógica productiva que debemos superar. No deja de ser fascinante cómo un objeto tan sencillo puede abrir tantas preguntas sobre diseño, consumo y futuro.

Casi medio siglo después, una solución contemporánea propone otro tipo de pliegue: la afeitadora de papel Kamika Misori de la japonesa Kai Corporation, «una afeitadora desechable hecha de papel que reduce en un 98 % el uso de plásticos». El diseño, inspirado en técnicas de origami, está incluido en la colección del M21D (Museum of 21st Century Design) y mantiene la misma atención por el gesto individual y la portabilidad, esta vez desde una lógica radical de sostenibilidad.

Así se cierra un ciclo: del entusiasmo industrial por los polímeros moldeados en la creación de un mundo más eficiente, con mayor consumo y excesivo confort, al retorno a materiales renovables con menor impacto en la salud del planeta, sin renunciar a la invención formal, a la inteligencia del uso y al diseño de las cosas. La transición necesaria hacia los nuevos materiales y la implementación de nuevas tecnologías en los objetos que usamos, no puede ser la coartada para no diseñar.

Referencias

Freinkel, Susan. Plastic: A Toxic Love Story. Boston: Houghton Mifflin Harcourt, 2011.

Birkeland, Janis. Design for Sustainability: A Sourcebook of Integrated Ecological Solutions. London: Earthscan, 2008.

Antonelli, Paola, ed. Objects of Design from The Museum of Modern Art. New York: MoMA, 2003.

Museum of Modern Art. Humble Pieces: Checklist of the Exhibition. New York: MoMA, 2004.

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