Teenage Engineering Choir: cuando la tecnología vuelve a tener rostro

Hay algo en la madera, en la escala y en sus expresiones que se siente familiar. Quizás porque recuerdan esas primeras formas con las que aprendemos a relacionarnos emocionalmente: rostros simples, cuerpos fáciles de interpretar, piezas que entendemos intuitivamente antes de racionalizar. Durante unos segundos cuesta saber exactamente qué estás viendo. A primera vista, las pequeñas figuras parecen objetos decorativos, hasta que empiezan a cantar.
Presentado por Teenage Engineering en 2025, Choir es un conjunto de ocho figuras electrónicas capaces de interpretar composiciones corales mediante voces sintéticas que responden al tacto, al movimiento y a distintos sistemas de control musical. El proyecto recupera una exploración iniciada por la empresa sueca en 2007 y la convierte en una familia de personajes de madera que funcionan tanto como instrumentos musicales como objetos interactivos.
Fundada en Estocolmo en 2007, Teenage Engineering se ha convertido en una de las empresas más reconocibles dentro del diseño de instrumentos electrónicos contemporáneos. Sus productos suelen moverse entre la precisión técnica, el lenguaje gráfico y una relación muy física con el sonido. En di-conexiones ya se había explorado esa mirada a través del TP-7 Field Recorder, un grabador digital portátil que reinterpretaba gestos y referencias asociadas a la historia de la grabación sonora. Choir parece continuar esa búsqueda, pero desde un lugar completamente distinto.

(Imagen: Teenage Engineering)
Tecnología con forma reconocible
Antes de emitir una sola nota, Choir ya establece una relación visual con quien lo observa. Las figuras pueden llevarnos a varios lugares: a los juguetes de madera, a las muñecas rusas Matryoshka o ciertos sistemas de ensamblaje inspirados en los rompecabezas japoneses Kumi-ki, donde formas aparentemente simples adquieren complejidad por la manera en que se conectan entre sí.
Pero lo interesante no está solo en la referencia, está en cómo se cruzan con una tecnología que normalmente asociaríamos a otro tipo de objeto.

La madera cambia completamente la percepción del objeto. Frente a tantos dispositivos negros, lisos, silenciosos y cada vez más parecidos entre sí, Choir aparece con otra temperatura. Tiene veta, tiene volumen, tiene presencia. Incluso con un diseño extremadamente limpio, las piezas siguen resultando cercanas y tocables. No parecen pedir distancia, sino contacto.
Y eso no es menor. La madera ha estado históricamente ligada a los instrumentos por su manera particular de vibrar, resonar y transmitir sonido. Aunque aquí no estemos ante un instrumento acústico tradicional, el material carga con esa memoria. Hace que el objeto se sienta menos electrónico, menos frío, menos cerrado.
Esa familiaridad también aparece en los rostros. Los ojos, la boca y las expresiones mínimas permiten reconocer rápidamente ciertas identidades, y por eso no sorprende que mucha gente termine hablando de ellas casi como si cada una tuviera una personalidad. Esa capacidad de atribuir carácter a los objetos tampoco es nueva: uno de los ejemplos más conocidos aparece en Metropolis (1927), donde el robot María utilizaba una apariencia humana para relacionarse con las personas. Choir no busca parecer humano, pero sí utiliza una lógica parecida: presentar una tecnología compleja a través de formas que resultan familiares y fáciles de interpretar.
Un coro de objetos
Choir no funciona como una pieza aislada, sino como un sistema. Cada figura representa una voz específica (soprano, contralto, tenor o bajo) y ocupa un rol dentro de una misma composición. Ahí aparece una de sus claves: el coro no se entiende solo como sonido, sino como relación entre piezas. Las voces se combinan, pero también se activan desde gestos físicos simples: un toque basta para reproducir o pausar; una inclinación, para modular el volumen. La interpretación no queda encerrada en una pantalla ni en una interfaz abstracta; ocurre entre la pieza, la mano y el oído.

Esta forma de control lo coloca en dirección contraria a la mayoría de los dispositivos actuales. Frente a superficies lisas, interfaces invisibles y pantallas cada vez más neutras, Teenage Engineering suele trabajar con botones, perillas, módulos y gestos físicos que hacen visible la relación entre la mano, el objeto y el sonido. En Choir, esa lógica cambia de forma sin desaparecer. Detrás siguen estando la composición, el control MIDI y la experimentación sonora, pero traducidos a una experiencia más física y directa. Quizás por eso resulta tan singular. No intenta esconder la tecnología, pero tampoco la exhibe como una máquina distante. La traduce a otro lenguaje: uno más físico, cercano y reconocible.

Más que un instrumento musical convencional, Choir parece abrir una pregunta muy propia del diseño contemporáneo: ¿qué pasa cuando una tecnología compleja se presenta a través de formas capaces de despertar empatía, curiosidad y afecto?
En ese sentido, estas pequeñas figuras de madera no solo producen sonido. También hacen visible una idea sencilla, pero potente: que la tecnología puede ser compleja sin volverse distante.
Información
Teenage Engineering
www.teenage.engineering















